El Centro Específico de Tratamiento y Rehabilitación de Adiciones Sociales (Cetras) acoge diversas asociaciones de terapia de adiciones al juego, al alcohol o Aclafeba, la organización castellano y leonesa para el tratamiento de trastornos de conducta alimentaria, bulimia y anorexia. Por esta asociación, desde que se fundara en 1996, han pasado ya 842 enfermos con este tipo de patología. Blas Bombín es el director de Cetras y el psiquiatra de estos pacientes, desde el centro de la Avenida de Esgueva, en el número 8 de la capital vallisoletana.
-¿Anorexia, bulimia, ambas?
-Se solapan, suceden o coexisten. Son trastornos alimentarios y puede predominar uno sobre el otro; de forma que se puede ser bulímico-anoréxico, anoréxico-bulímico o tener sólo uno de los problemas.
-No es sólo de mujeres...
-Hay muchas más mujeres que hombres que lo padecen, pero la diferencia de sexos se ha reequilibrado y hay un claro repunte de hombres.
-¿La edad de aparición se ha adelantado?
-Es una enfermedad sobre todo de adolescentes, pero efectivamente cada vez hay casos de niños más jóvenes.
-¿Se cura?
-Es importante cogerlo a tiempo, trasmitir confianza y seguridad en la gestión terapéutica. Si la demanda de consulta de una intervención se encuentra de pronto con una propuesta de asistencia hospitalaria y no ambulatoria, puede provocar problemas. Es importante el punto de partida, la calidad humana, y combinar el tratamiento farmacológico con el papel del psicólogo y el dietista.
-¿Cuántos casos nuevos llegan a Aclafeba cada año?
-Alrededor de unos ochenta.
-Hace años estuvo muy de moda hablar, sobre todo, de la anorexia, pero parece haberse olvidado. ¿Han descendido los casos?
-La enfermedad tuvo un repunte importante entre el 2000 y el 2003, luego se ha estabilizado, no ha bajado. Las campañas de los medios de comunicación, la difusión del trastorno y la concienciación social han logrado estabilizar las cifras, porque llevaba camino de ser una auténtica epidemia.
-¿Los padres saben detectarlo?
-Han aprendido mucho, ahora están vigilantes, se preocupan, observan, ven si sus hijos siguen dietas, si se pesan a menudo, hacer ejercicio físico desmesurado y en horarios raros. Hay conciencia de riesgo social, se ha despertado.
-Diversos estudios estiman que hay un 20% de casos sin diagnosticar. ¿Está de acuerdo según su experiencia?
-Sin duda, hay alrededor de un 20% de personas sin tratar. Tal vez se avergüenzan de su conducta, lo desarrollan de forma secreta y lo ocultan.
-¿Cómo es posible que no sean capaces de ver que un cuerpo tan delgado es realmente un cuerpo feo?
-Están atrapados por la dinámica. Al principio, sólo buscan una figura admirable, y cuando la alcanzan no tienen freno, van a más y a más. Es como el alcohólico. Comienza a beber para conseguir un plus social, para desinhibirse, y luego ya no sabe parar. Los anoréxicos tienen conciencia de que tal imagen, de delgadez excesiva, tiene una clara censura social, y tratan de ocultarlo. Es una ambivalencia, viven con miedo de su imagen.
-¿Cuáles son las causas?
-En la bulimia, la frustración, el fracaso afectivo, buscan salidas ciegas. Es una conducta evasiva, la comida tranquiliza. En la anorexia, rechazan el desarrollo del cuerpo, los cambios. Es algo psicológico. Cuando se acerca o empieza la menarquia, comienza el rechazo al cambio porque da inseguridad, angustia.