Vegas de Matute es un municipio situado en la falda de la sierra de Guadarrama. Por su término municipal, en concreto por el este, transcurre el río Moros. Un cauce fluvial, que tras superar la presa situada en la zona, se adentra en un paraje de gran belleza en el que crecen numerosas sabinas.
Pero hace años atravesar ese lugar podía ser complicado. Por eso, en el siglo XVIII se construyó un singular acueducto. Conducía el agua desde la ladera norte de los cerros de los Calocos hasta el pueblo. En la actualidad, su parte más visible la compone un gran arco de siete metros de luz, construido en mampostería de piedra y cal, que salva el arroyo con sus treinta y cinco metros de longitud.
No es la única sorpresa que uno puede encontrarse si se pasea por esta zona. Muy cerca de esta construcción se encuentra una de las joyas arquitectónicas, de carácter industrial, que posee el municipio de Vegas de Matute: un conjunto de caleras que se remontan al siglo XVI. Conocidas como las 'Caleras del Zancao', los primeros hornos se construyeron entre el arroyo que da nombre a este lugar y el cerro del Castillo.
En años posteriores la fabricación de cal siguió prosperando y la necesidad de nuevos hornos y la falta de espacio hizo que se buscaran otros emplazamientos en los lugares de la Lobera, la Tejera y la Dehesa. El último horno del municipio se construyó después de la Guerra Civil, destinándose a la cocción de la teja. En la década de los sesenta del pasado siglo se coció la última hornada de cal en el paraje de la Dehesa, extinguiéndose de esta manera el oficio del calero.
Sin embargo, todos aquellos que se acerquen hasta allí pueden conocer un poco más sobre este oficio y contemplar estos hornos gracias a seis atriles numerados que permiten recorrer el conjunto de hornos del Zancao.
No es el único patrimonio industrial que posee este pueblo ya que en la carretera de Vegas de Matute, a su paso por Otero de Herreros, se localizan los restos de un molino harinero. En el siglo XVIII molía con dos ruedas y era propiedad del Marqués de Velamazán. El edificio le producía al año cuatro mil doscientos sesenta reales, en los que estaban incluidos dos mil doscientos del molinero. No queda mucho de lo que fue este molino ya que fue bombardeado en la guerra civil.
Urbanismo renacentista
Lo que sí que se conserva en el pueblo es la iglesia de Santo Tomás de Canterbury. Es un impresionante edificio gótico fabricado con piedra de sillería cuya construcción se inició en torno al año 1540, siguiendo las trazas de Rodrigo Gil de Hontañón.
El objetivo era albergar los sepulcros de la familia de los Condes de Vegas de Matute. Y es que a lo largo de la historia esta localidad ha tenido como vecinos a personajes relacionados con la corte de los reyes Carlos I y Felipe II. También otras familias acaudaladas. Hoy, junto a la iglesia, se levantan los muros y el torreón del Palacio Viejo, posiblemente construido a finales del siglo XVI.
Al otro extremo de la pequeña plaza destaca el palacio de los Condes de Giraldeli, en buen estado de conservación. Ambas son impresionantes obras arquitectónicas que conservan los escudos nobiliarios en sus fachadas. El conjunto formado por la iglesia y ambos palacios es un ejemplo del urbanismo del Renacimiento, apenas alterado por nuevas construcciones.
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