De segundo, Setién. Miguel Delibes Setién. El segundo apellido del escritor vallisoletano, el que le liga a sus raíces cántabras, sonó ayer más que nunca en el acto en el que se celebró la concesión de la Medalla de Oro al Mérito Turístico de Cantabria al autor de 'El hereje'. Una celebración en dos actos, dada la edad y el estado de salud del homenajeado, que limita sus desplazamientos.
El primero en su casa, en la intimidad de su familia. Y el segundo, en el pabellón de Cantabria de la Feria Intur, con los representantes políticos de las dos comunidades implicadas, pero también con amigos, curiosos y admiradores que se apretaron alrededor del stand que difunde las excelencias turísticas de la comunidad vecina.
Entre discurso y discurso de las autoridades competentes, Germán Delibes de Castro, profesor de la Universidad de Valladolid, pero en este acto, sobre todo, hijo del homenajeado, puso hondura y sentimiento en una intervención que hizo olvidar a todos los presentes el calor que hacía en la Feria y que, como excepción en estos actos oficiales, dejó al auditorio con ganas de más.
Desde el porqué de su vínculo con Cantabria a la mirada del niño sobre su padre en algún verano de la infancia, pasando por la mención de las dos obras que hacen patente ese vínculo, 'El camino' y 'Mi vida al aire libre', Delibes de Castro supo transmitir lo que su padre le había pedido para este acto: gratitud y emoción.
Así, hizo visible a su bisabuelo, Fréderic Delibes Roux, en el año 60 del siglo XIX cuando, durante los trabajos de construcción del ferrocarril (tarea que le había traído a España desde Francia), las dificultades del terreno entre Bárcena de Pie de Concha y Reinosa le hacen detenerse en esta zona de la montaña cántabra y allí conoce a la abuela del escritor, Saturnina Cortés, con la que se casa en Molledo, lugar donde nacería su tercer hijo, Adolfo, padre de Miguel Delibes.
Su hijo Germán recordó los veranos de Molledo, pero también «una vertiente de la vida de Delibes menos conocida, que transcurre en Suances, dedicado a pescar truchas en el Saja. A la vuelta, parábamos en Torrelavega y en un bar seguíamos la marcha de Bahamontes en el Tour de Francia, gracias a la pizarra en la que iba comentando las etapas el dueño del bar». El deporte de la bicicleta unido a la pesca y a la vida al aire libre, tres de las pasiones del escritor.
Otra anécdota sirvió para entroncar al autor con su obra: la rápida intervención de Miguel Delibes para rescatar a una persona que se ahogaba en el mar, cosa que finalmente consiguió. En su carrera hacia el náufrago había hecho ademán de quitarse los pantalones, aunque al final no lo hizo y se metió en el mar vestido. Cuando sus hijos le preguntaron el motivo del arrepentimiento, él contestó que, en esos segundos, recordó que llevaba puesta una voluminosa faja con la que trataba de remediar una dolencia. «Y así tuvimos esa visión de mi padre como héroe y antihéroe que después estaría en tantos de sus personajes».
Sencillez
Y finalmente su obra. «Con 'El camino' encontró su fórmula. Él siempre fue muy crítico con sus novelas primeras, pero con ésta reconoce haber encontrado el camino, porque se había despojado del engolamiento y había descubierto la importancia de escribir con la misma sencillez con la que se habla». Esta novela, «que, durante generaciones, se leyó en el Bachillerato y también en las universidades americanas gracias a una edición ilustrada por mi padre, está dedicada al valle de Iguña, a las montañas que lo rodean y a sus gentes».
El acto, que había abierto el consejero de Turismo de Cantabria, Francisco Javier López, lo cerró con su peculiar estilo el presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla, quien puso la nota de humor al asegurar que el escritor y él habían cantado juntos una coplilla referente a los días de la inauguración del ferrocarril y que le había preguntado si le traía anchoas.
«Todavía estoy emocionado -confesó- por haber tenido el honor de conocer a un genio de las letras españolas. Me he encontrado a un hombre prodigiosamente despierto». «Creo -añadió- que esta medalla le ha hecho tanta ilusión o más que la que hace días le concedió la Junta de Castilla y León. Porque la de la Junta se le concede por obligación, qué menos, pero la nuestra es por devoción».
La familia de Delibes estuvo representada en el acto por sus hijos Germán, Adolfo y Juan, por su nuera Pepi y por sus nietos Clara y Germán. En representación de la Junta, asistió la Consejera de Cultura y Turismo, María José Salgueiro. También estuvo la concejala de Cultura de Valladolid, Mercedes Cantalapiedra, y la alcaldesa de Molledo, Teresa Montero.