Presiones políticas pudieron más que las necesidades asistenciales y la Unidad de Consejo Genético de Cáncer del Río Hortega vio como se cerraban sus puertas con tan sólo cuatro meses de vida. La polémica no se hizo esperar y Valladolid reclamó la reapertura de este nuevo servicio para evitar que los vallisoletanos tuvieran que esperar más de un año en lista de espera para ser atendidos en la Unidad de Burgos. Las aguas han vuelto a su cauce y el Río Hortega 'reinaugura' desde hoy esta atención médica que permite detectar de forma precoz los casos de cáncer genético y orientar a los afectados por esta herencia sobre las posibles controles y medidas clínicas a adoptar.
El Río Hortega comienza de nuevo con esta asistencia y pasará consulta cada viernes con una media, siempre este último día de la semana laboral, de cuatro o cinco afectados. El servicio comienza hoy con cuatro pacientes citados de los 24 que hay en lista de espera. Inicia así su andadura con usuarios del área Oeste de salud para ampliar su referencia posteriormente al Este, la correspondiente al Clínico, así como Segovia y Palencia, según confirma Sacyl.
La Unidad ha estado cerrada desde el pasado mes de mayo pese a que tenía unos cuarenta pacientes pendientes, muchos de los cuales fueron finalmente remitidos a Burgos. En la comunidad autónoma hay, además de las unidades de Valladolid y Burgos, la de Salamanca con las mismas técnicas genéticas y protocolos.
Los laboratorios donde se realizan los análisis genéticos están situados en la capital charra en el CIC (Centro de Investigación del Cáncer) y, en Valladolid, en el IBGM (Instituto de Biología y Genética Molecular). Este último realizará los estudios del Río Hortega y de Burgos. Los tres servicios se repartirán el mapa sanitario para dar cobertura a toda la autonomía con la búsqueda de un equilibrio en la demora.
Los usuarios de estas unidades son personas que, por su historial clínico y familiar, podrían haber heredado un gen que les confiriera mayor riesgo de padecer un cáncer. Los pacientes de Valladolid, que suponían el 30% de los atendidos en el complejo burgalés, tenían que recorrer 123 kilómetros para las consultas y para la extracción de la muestra de sangre en el servicio del General Yagüe que, sin embargo, la misma retornaba a Valladolid, dado que es el IBGM de esta ciudad quien realiza los estudios para detectar la mutación de un gen y derivar después los resultados otra vez a Burgos.
Argumentos
La Unidad se cerró sin ninguna explicación oficial. Es más, llevada la polémica a las Cortes por el PSOE, la defensa de la Administración sanitaria fue que el traslado había impedido su mantenimiento. Sin embargo, cuando se cerró ya había ocho pacientes citados y el primero había sido atendido el día 22 de diciembre. Fueron las presiones del General Yagüe de Burgos y su rotundo rechazo a la creación de la unidad homóloga de Valladolid lo que provocó el cierre. El servicio de Oncología contemplaba como una competencia al Río Hortega, pese a tener en lista de espera tantos pacientes de Valladolid que tardaba en atenderlos hasta 14 meses. Y ello, pese a que su implantación estaba prevista desde el 2003, un año más tarde de la puesta en marcha de la burgalesa, que en realidad era una experiencia piloto que se ampliaría a Valladolid y a León.
En este último caso todavía no están claras sus posibilidades de futuro. Llega por lo tanto, en realidad, con más de seis años de retraso.
Cuando un médico detecta un caso de cáncer y en función de los criterios establecidos que hacen sospechar que puede tratarse de un caso genético lo derivará a esta unidad especializada. Un oncólogo informará a los interesados y les facilitará un consentimiento informado para después realizar la extracción de sangre necesaria para las pruebas que se enviarán al laboratorio del IBGM. De la muestra, este instituto obtiene y analiza el ADN para determinar si hay mutaciones en los genes. El estudio sobre la existencia o no de un patrón alterado en la secuencia es enviado de nuevo al equipo del Río Hortega.