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La donación en vida de cuerpos para la ciencia se duplica en un solo año y llega a 52 hasta octubre

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La donación en vida de cuerpos para la ciencia se duplica en un solo año y llega a 52 hasta octubre

El cambio social impulsa la cesión de cadáveres y la Facultad de Medicina recupera las cifras de los años 40 para la enseñanza de Anatomía y Cirugía

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Ni siquiera en la época actual capaz de crear cualquier ficción es posible contar con imitaciones del cuerpo humano que, al menos, se acerquen a la realidad profunda de sus formas y estructura. Formar médicos o enfermeras, o incluso nutricionistas o logopedas, requiere contar con cuerpos humanos de verdad, conectar al alumno que algún día salvará vidas sobre un quirófano o en una ambulancia con los secretos del ser humano. Y mientras la donación de órganos suma adeptos y resta reticencias, la del cuerpo entero encuentra más reparos y la falta de cadáveres ha puesto en aprietos a la enseñanza de Anatomía Humana y, sobre todo, de Cirugía, una especialización que precisa cuerpos frescos y, por lo tanto, menos reutilizables, para la formación de posgrado.
La Facultad de Medicina de Valladolid ha recibido este año ocho cuerpos hasta la actualidad; diez el pasado ejercicio, y similares cifras durante toda esta década, siendo la más baja, de sólo tres, la del año 2002. Este registro ya muestra «un ligero pero llamativo aumento», destaca el profesor de Anatomía Humana, Francisco Pastor. Mucho más clara es la curva ascendente de las donaciones hechas en vida en esta década. En sólo el último año, se han duplicado y de las 27 personas que se acercaron en el 2008 a tramitar su donación, el actual ejercicio ya suma 52; pero además, el año 2000 contabilizó 12, el 2005 ya subió a 21 y, desde entonces las cifras se mantienen bastante altas e, incluso, el 2006 superó, con 55 donaciones hechas en vida, las actuales cesiones. Las razones de este incremento «son difíciles de determinar», explica el doctor Pastor. Detrás del aumento hay una clara evolución social, «un cambio de mentalidad», además de posibles criterios económicos. Aunque no se paga por el cuerpo, la Facultad corre con todos los gastos de traslado y funeraria. «Hay casos en que algunas personas se encuentran con un familiar no demasiado allegado que ha fallecido y los llaman para que se hagan cargo del cuerpo y dado además el alto precio de los enterramientos, deciden darlo a la ciencia», recuerda el profesor Pastor.
El culto a la muerte ha sido el freno tradicional para donar cuerpos, sobre todo para la familia. Cada vez hay menos negativas con los órganos porque no identifican a la persona, son algo interno que no impide ni la incineración ni el entierro; pero el cadáver y, en especial, la cabeza, es una imagen difícil de asimilar.
Desde los 60 años
Las donaciones se hacen sobre todo a partir de los 60 años de edad pero hay casos de veinteañeros y, aunque tradicionalmente era más habitual en los hombres que en las mujeres, actualmente esta diferencia se ha equilibrado, según los datos facilitados por la Universidad. Medicina tiene en su viejo registro datos desde 1931 hasta la actualidad, aunque el periodo de la Guerra Civil (1936-39) por la interrupción parcial de la vida académica no constata donaciones; así como hay también casi carencia de datos entre 1958 y 1985 por problemas de fiabilidad del registro, según recoge un trabajo de los doctores Barbosa Cachorro, Pastor Vázquez, Gil Verona, De Paz Fernández y Barbosa Ayúcar hasta el año 2000. La donación de cadáveres ha experimentado un gran descenso y mientras entre 1931 y 1933, la Universidad contó con 831 cuerpos o con 466 en el trienio 1940 a 1943, las últimas décadas apenas superaban la decena. Los entonces llamados manicomios y los hospicios -la mortalidad infantil era muy alta- eran, a principios del siglo XX, una auténtica cantera de cuerpos que nadie reclamaba. Los datos más recientes apuntan a una recuperación de cifras en una época en que además la Facultad precisa más cuerpos porque hace cuatro años, y con un retraso de 30 respecto a Madrid o Barcelona, comenzó con cursos de posgrado para la formación de cirujanos.
El uso de los cuerpos es fundamentalmente para la docencia de diferentes diplomaturas y licenciaturas, los cuerpos se utilizan mucho para la disección, lo que permite que los estudiantes analicen por partes diferentes zonas del cuerpo. La investigación se limita a los casos en que, al abrir un cadáver, se encuentra algo que despierta tal interés. Un cuerpo suele utilizarse durante dos a cuatro años, después va a parar a un ataúd y a la fosa común del cementerio. En algunos casos, la familia ha cedido el cuerpo mientras se emplea en formación y, después, se hace cargo de los restos.
El cadáver se somete a un proceso de embalsamamiento, «se introduce a través de una cánula un líquido en la arteria constituido sobre todo por formol y alcohol». «Después se introduce, durante unos diez días, en una piscina con conservantes similares», explica el doctor Pastor. Otros, los que interesan en condiciones frescas para las prácticas de Cirugía se congelan. Las piscinas, había seis en la Facultad de Valladolid, han desaparecido, con excepción de la citada bañera para preservar el cuerpo, sustituidas por refrigeradores con estantes. Hay otro tratamiento del cuerpo, el de la maceración para que se pudra y obtener huesos limpios, pero no se realiza porque el esqueleto se consigue de los cementerios una vez que han pasado los preceptivos diez años y se precisa la fosa para otro enterramiento o de la común. En este caso, el convenio es con el camposanto de Palencia. «Nos basta con saber el sexo y la edad», precisa el profesor Pastor, quien indica que «aunque la disección y el tratamiento no es algo que a nadie le guste hacer, te acostumbras y lo llevas bien, lo más duro son los cadáveres frescos y afortunadamente ya no llegan niños, sólo fetos y recién nacidos, porque sería durísimo».
Donar el cuerpo en vida es fácil. El interesado debe ponerse en contacto con la Facultad de Medicina, rellenar una ficha y llevar dos testigos. Para ello, debe llamar por teléfono (983 42 35 70) y solicitar información y una cita.
Todos los cuerpos son, en principio, válidos, salvo que hayan tenido enfermedades infecciosas como el sida o la hepatitis porque no se conoce con exactitud la latencia del virus. En algunos, una enfermedad como el cáncer puede deteriorar alguna parte, pero otras son válidas.
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El profesor Francisco Pastor, en el Museo de Anatomía Humana de la Facultad de Medicina./ HENAR SASTRE
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