Hablar con el móvil, encender un cigarillo, manipular la radio o el GPS... Son distracciones nimias que en una décima de segundo pueden provocar un accidente. Más de la mitad de los siniestros mortales registrados este año fueron causados precisamente por alguno o varios de esos pequeños despistes. Por su culpa perdieron la vida 12 de las 23 personas fallecidas este año en la provincia y 93 de las 175 víctimas de la región.
«Cuando una persona conduce con exceso de velocidad, hablando con el móvil o comete una infracción está atentando contra su vida y contra la de los demás», explicó ayer una portavoz de Stop Accidentes durante el acto celebrado en Fuente Dorada con motivo del día mundial de las víctimas. La representante de la agrupación, Ángela García, reclamó la creación de una oficina de atención integral a los afectados por la «violencia vial» similar a las ya existentes en el caso de la violencia contra la mujer o el terrorismo para que «los heridos y sus familiares no se queden desamparados después de los accidentes».
La concentración tuvo un carácter tan reivindicativo como emotivo en aras de «sensibilizar a los conductores, y a nosotros mismos como administraciones, para contribuir a que continúe el descenso de la mortalidad», reconoció el subdelegado, Cecilio Vadillo.
La siniestralidad sigue en lo que va de año con la tendencia a la baja de los ejercicios anteriores. Así, en la provincia son nueve menos los fallecidos (de 32 a 23) y 38 en la comunidad (de 213 a 175).
El 53% de los siniestros mortales se debieron a la citadas distracciones mientras que otro 29%, en el caso de Valladolid, los provocaron los excesos de velocidad. Entre ambos factores causaron ocho de cada diez accidentes. El resto fueron atropellos o infracciones. Cabe destacar la presencia del alcohol como origen de un único accidente con un muerto en Burgos.
Sin afán recaudatorio
«Tenemos que seguir luchando para que esa tendencia a la baja prosiga y para ello es fundamental con un procedimiento sancionador ejemplar para lograr un efecto preventivo», señaló el director provincial de Tráfico, Ángel Toriello, quien negó que la DGT persiga un afán recaudatorio: «Seríamos felices si no hubiese multas porque eso significaría que se respetan por fin todas las normas».
Pero la realidad es la que es y 23 personas han perdido la vida en lo que va de año. Sobre el baremo utilizado por Tráfico para contabilizar dichas muertes -defunciones en el acto o en las 24 horas siguientes al accidente-, Ángela García reclamó que comiencen a recoger a todas las víctimas porque «parece que si fallecen al día siguiente ya no existen para ellos».
Tanto es así que la única estadística oficial para contabilizar los fallecidos reales, la memoria del Instituto de Medicina Legal, recogió el año pasado nada menos que 58 fallecimientos frente a los 36 contabilizados por la DGT.