Carles Aymerich, catalán y Mejor Sumiller de España 2009, irá a Chile. Allí defenderá a la sumillería española. Diego Guerrero es el campeón nacional de pinchos y tapas. Se lleva la 'ñ' a su restaurante de Madrid, Club Allard. Ramón Freixa, un joven cocinero con el prestigio ganado a pulso de un oficio que aprendió de sus padres, Josep María y Dori, en el Racó d'en Freixa, la casa familiar. Hoy es un profesional respetado por su seriedad. Ha sido el presidente del jurado del V Concurso Nacional de Pinchos y Tapas Ciudad de Valladolid. El sueco Jesper Patrick, el nepalí Mangal Tamang y el norteamericano Evan Matthew Brody han destacado por igual en el I Encuentro Internacional de Escuelas de Cocina, tutelado por Rafael Ansón, la máxima representación de la gastronomía española, y Oriol Castro, uno de los segundos jefes de cocina más importantes del mundo (El Bulli).
A todos estos nombres, de probada solvencia, habría que unir dos centenares de profesionales, jefes de cocina, directores de escuelas de cocina, restauradores, presidentes de todas las asociaciones de sumilleres de España y más de un millar de personas que han vivido con pasión las evoluciones de los acontecimientos relacionados con la cocina y el mundo del vino en las mismas fechas y en un escenario que lleva el nombre de Valladolid.
Este es el verdadero logro del concurso nacional y la respuesta al acierto del Ayuntamiento vallisoletano al apostar por la gastronomía, entendida como pilar fundamental a la hora de trasladar la imagen cultural de una ciudad que ya cotiza en la bolsa del turismo. Acontecimientos que trasladan la atención de los foros nacionales hacia la hostelería pucelana, que ha sido el motor que ha eliminado el óxido de tiempos pasados para brillar en la modernidad, en la alta cocina y en la sumillería gracias a la responsabilidad que adquirieron cuando tomó las riendas a la hora de ocupar un hueco en el calendario gastronómico español.
La quinta edición del concurso de tapas subraya la consolidación lograda en la tercera, y abre nuevas puertas a la necesidad de ampliar con ambición la convocatoria, en espacio y actividades paralelas en la ciudad. La coincidencia de ambas citas -concurso de pinchos y de sumilleres- ha beneficiado a la imagen de Valladolid como ciudad implicada en la gastronomía.