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Marciano Zurita, el poeta de Castilla

CULTURA

Marciano Zurita, el poeta de Castilla

Desde su muerte, hace ahora ochenta años, poco se ha escrito sobre este poeta palentino

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Ediciones 98 inaugura la colección 'Castilla en la Literatura' con la publicación del libro 'Estampas castellanas' de Marciano Zurita (1884-1929). Se trata de una amplia y variada antología de versos que recupera la obra y la figura del escritor palentino. Zurita es sin duda uno de los mejores poetas del Modernismo español y puede ser considerado el poeta de Castilla.
Desde su muerte, hace ya ochenta años, poco o nada se ha escrito sobre este autor. Rara vez se le recuerda ni en los medios universitarios y académicos ni en los manuales de Historia de la Literatura, aunque no falta su nombre en los grandes diccionarios y enciclopedias ni sus versos en algunas antologías. Y eso que hubo un momento, en los años cuarenta, en el que varios de sus poemas fueron incluidos en las páginas de los libros escolares de lectura: gloria todo lo pequeña y humilde que se quiera, pero al fin concreta y real.
Zurita nació en Palencia. Hijo de Abundio Zurita, impresor y director de 'El Día de Palencia'. Conoció enseguida todo lo relacionado con el mundo de los libros y del periodismo. Fue un chico sensible, inteligente y vivo. Sus padres decidieron que estudiase para cura por lo que ingresó en el seminario de Palencia a los once años. Sin embargo, después de arrojar un tintero a la sotana a uno de los profesores, tuvo que abandonarlo. Ya en el instituto, obtuvo el título de Bachillerato. Estudió Derecho en Valladolid. Mientras tanto, continuaba ayudando en la imprenta de su padre y escribiendo sueltos y gacetillas en 'El Día de Palencia' y otras publicaciones, y conociendo y tratando a todos los aficionados a las letras de su ciudad natal.
Desde sus comienzos, los artículos de Zurita eran siempre correctos. Sus poemas mostraban una lozanía y una calidad que le permitieron publicarlos en la prensa de Madrid. Muchos de ellos integraron posteriormente sus dos primeros libros de versos, 'El triunfo del silencio' (1912) y 'La musa campesina' (1913). También llegaron a estrenarse dos de sus obritas de teatro que no pasarán, sin embargo, a la historia de la escena.
Periodista
Joven simpático, apasionado, su popularidad era grande en su ciudad natal. En 1907, pasó a dirigir 'El Día de Palencia', al que logró dar un aire más moderno y literario. Ese mismo año inició sus colaboraciones en la prensa nacional, principalmente en el diario 'ABC' y en el semanario 'Blanco y Negro'. También comenzaron sus viajes por buena parte de España por razones literarias, pues ganó varias veces la flor natural en los Juegos Florales de distintas ciudades.
En Burgos, con ocasión de un homenaje a Bécquer promovido por sus amigos los hermanos Álvarez Quintero, conoció a la que sería su mujer, Dolores Souza. Leyó Zurita en aquel acto unos versos dedicados al gran poeta romántico con pasión y convencimiento. Marciano y Dolores se casaron en 1912. Tuvieron nueve hijos, de los que sólo sobrevivieron dos. Zurita trabajó mucho. Escribió cientos de artículos, además de biografías, novelas cortas y hasta una historia del género chico. Tras aprobar unas oposiciones, llegó a ser nada menos que jefe del Negociado de Secretarios de Ayuntamiento en el Ministerio de la Gobernación en Madrid. Cuesta imaginar cómo se sentiría el poeta que componía los versos que publicaba en 'Blanco y Negro' los fines de semana, cuando durante la semana tenía que revisar montañas de expedientes y escribir manuales con los nuevos temarios de las oposiciones para secretarios de ayuntamiento.
El exceso de trabajo acabó dañando su salud, que nunca fue buena. Zurita falleció, víctima de la tuberculosis, el 26 de enero de 1929. Su muerte produjo la mayor tristeza y consternación en los medios periodísticos y literarios, pues el poeta nunca despertó enemistades ni envidias; se hizo querer siempre por su generosidad e idealismo.
Zurita, hombre ingenuo y descuidado económicamente, gastó mucho para evitar el avance de la enfermedad en el sanatorio para tuberculosos de Guadarrama. Su familia quedó a su muerte en el mayor desamparo. Los ayuntamientos de Burgos y de Palencia paliaron tal desgracia.
Hoy, en el Ayuntamiento de Palencia puede verse el retrato de Zurita de cuerpo entero obra del pintor Asterio Mañanós, que regaló su hijo Rafael en 1984. En Burgos, una calle lleva el nombre de Zurita y Calleja, autores, respectivamente, de letra y música del 'Himno a Burgos'. En 1926, se les ofreció un banquete de homenaje en el que la ciudad de Burgos regaló al músico una batuta de plata, y al poeta, una pluma de oro.
En 'Estampas castellanas' se agavillan ciento diez poemas de Zurita, elegidos entre los que aparecen en los cuatro libros de versos que publicó: los dos ya citados, 'Pícaros y donosos' (1916) y 'Castilla' (1924). Se han seleccionado, pues, los más representativos entre las composiciones que más apreciaba el autor y que mejor pueden servir para conocer y valorar su obra.
Ruralismo
Influido en sus inicios poéticos por el ruralismo castellano de José María Gabriel y Galán, se convirtió luego Zurita en un poeta con claras resonancias del regeneracionismo del 98 y de la estética del Modernismo. Se advierten en él afinidades con Antonio y Manuel Machado, Enrique de Mesa y Rubén Darío, a quienes iguala algunas veces y otras incluso les supera. Zurita merece tener un puesto, si no al lado, al menos cerca de estos poetas, ya que es una figura importante del momento final del Modernismo español.
Zurita, que asimilaba de inmediato todos los estilos y conocía perfectamente a nuestros clásicos, sobre todo a Cervantes y Quevedo, tiene poemas de estilo neobarroco, neoclásico y, por supuesto, neorromántico. Estos poemas, sobre todo los sonetos, son de una asombrosa perfección. Es un poeta muy variado de formas, de tonos y de temas; aunque Castilla y lo castellano siempre está presente en su obra y la caracterización y reivindicación de la región es una constante en sus versos.
Con toda razón se ha dicho de Zurita que es no un, sino el poeta de Castilla. Asombra, en efecto, y emociona el número de poemas que dedica a cantar los paisajes y los hombres de Castilla. Hombres, a veces, de la Castilla de su tiempo; otras muchas, inspirados en la vieja Castilla de la leyenda, la Castilla medieval y, sobre todo, de nuestro Siglo de Oro.
Hay en sus poemas, de perfección impecable, emoción y gracia, profundidad a veces, simpatía siempre, precisión y, a la vez, musicalidad. Leer a Marciano Zurita es ampliar nuestra memoria de versos felices, de poemas que no se olvidan. Ediciones 98 ha contribuido con la edición de 'Estampas castellanas' a mostrarnos el libro de un poeta de verdad: un poeta que merece ser conocido.
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