L a Guerra de la Independencia tuvo en Valladolid unas características peculiares derivadas de su posición geográfica al ser lugar forzoso de paso a otras regiones. En este caso, al vecino Portugal, objetivo primero de los ejércitos de Napoleón.
A comienzos del siglo XIX no era Valladolid una ciudad que contara con una guarnición militar de importancia y por ello no fue lugar donde se resolvieran batallas decisivas. La única librada en sus proximidades (la de Cabezón de Pisuerga) tuvo lugar el día 12 de junio de 1808 entre 7.000 voluntarios mal armados, entre los que se encontraban el Cuerpo de Licenciados Tiradores, (estudiantes de la Universidad), 300 caballos, un escuadrón de la Guardia de Corps, el Regimiento de Caballería de la Reina y cuatro piezas de artillería salvadas en Segovia, cuyo mando correspondió al malhadado general Gregorio Cuesta. Las tropas francesas, a las que se enfrentaron se componían de 10.000 infantes, 1.000 caballos y 20 piezas de artillería, mandados por los generales Lasalle y Merle que pusieron en fuga a los vallisoletanos que no murieron en combate.
Las tropas francesas ocuparon la ciudad, donde permanecieron intermitentemente hasta su abandono de España en 1813. Valladolid, como ciudad de paso, conoció no sólo una ocupación en la que no era extraño el cambio de ocupantes, (españoles o extranjeros), sino que constituyó lugar de descanso y hospitalización de enfermos y heridos, siendo el expropiado Monasterio de Prado transformado en hospital, mientras el Alto de San Isidro se convertía en el lugar de entrenamiento de tropas.
No faltaron en la ciudad vallisoletanos que apoyaron a las fuerzas de ocupación, (peyorativamente denominados afrancesados), pero su labor, al margen del favor de las tropas ocupantes, no sólo supuso el atenuar en muchos casos el rigor de las leyes marciales, especialmente duras en tiempo de guerra, sino que la mediación de un afrancesado, José Timoteo Monasterio, comisario de Policía de la ciudad y alcalde de las Angustias, con el fin de que el general Kellerman conociera las desaparecidas procesiones de Semana Santa, instó a las penitenciales para que el Viernes Santo, día 21 de abril de 1810, para formar una procesión que saldría de la iglesia de las Angustias y que fue el antecedente de la que sería la Procesión General de la Pasión del Salvador y que, con distintas denominaciones ha llegado hasta nuestros días.
La ajetreada vida de la ciudad durante los años de ocupación de los ejércitos napoleónicos tuvo especial incidencia en el Puente Mayor, único que comunicaba con la mayoría de las provincias vecinas y que fue volado en cuatro ocasiones.
Pero la carencia de fuerza militar no significó que Valladolid no luchara con sus escasos medios contra la invasión. Fue cuna de famosos guerrilleros.