El pensamiento único, lo políticamente correcto y la clase de Religión fueron las tres patas de la ponencia desarrollada por el periodista y columnista de EL NORTE en el foro 'Otra forma de mirar'.
-Su ponencia ha sido una defensa enfervorizada del papel que desempeñan los profesores de Religión.
-He tratado de explicar lo que representa un profesor de Religión para cualquier ciudadano que busque un sentido de la vida más allá del materialismo que ofrece el orden establecido. El profesor de Religión es una de las últimas voces que ofrece un sentido completo de la existencia en un marco social en el que los centros de poder favorecen el materialismo.
-Sin embargo, la queja general es la falta de valores éticos.
-Sí, pero nadie hace nada por combatir esta situación. La sociedad propone un horizonte reducido a lo económico, la satisfacción personal y el sexo. Y es esta misma sociedad materialista la que se queja de falta de valores.
-El ambiente general en el colectivo de los docentes está muy deteriorado, muchos sufren el síndrome del profesor quemado o pasan diariamente por situaciones de falta de respeto e incluso violencia. La clase de Religión también está en ese contexto.
-La situación del profesor de Religión es difícil, no sólo por el fracaso del sistema de enseñanza, sino porque la asignatura que ellos enseñan representa algo inconveniente, es políticamente incorrecto. Está en contra de los mensajes que se envían a los jóvenes desde los medios de comunicación y de consumo.
-Conjugar la enseñanza de la Religión con Internet y las redes sociales tampoco será fácil.
-El problema no es contraponer una vida tecnológica y un horizonte de carácter religioso, sino el horizonte final que proponen estos profesores va más allá de lo material, de la satisfacción individual y del placer físico.
-¿Qué solución propone usted para acabar con esta dicotomía?
-Hay que convencer al Ministerio de Educación de que es imperativo conocer el hecho religioso, no sólo la catequesis, sino la asignatura en las aulas, porque la historia de la humanidad es inseparable de la religión. Sin las convicciones religiosas no es posible una sociedad plena.