Los pacientes vallisoletanos que pedían ser atendidos en la Unidad de Consejo Genético de Cáncer del Hospital Río Hortega verán cumplido su deseo en un plazo de una o dos semanas y ya no tendrán que trasladarse a Burgos. La Junta ha rectificado y volverá a abrir las instalaciones ocho meses después de haberlas cerrado.
La decisión fue comunicada ayer por el director general de Asistencia Sanitaria, José María del Pino, a los integrantes de la comisión de Sanidad de las Cortes autonómicas durante la respuesta a una pregunta oral formulada por la procuradora socialista Elena Pérez, que se interesaba por los motivos que llevaron al Gobierno de Herrera a «desmantelar» la Unidad a finales del pasado abril.
Del Pino justificó el cierre por los problemas de traslado que ocasionó la apertura en Las Delicias del nuevo hospital Río Hortega, argumento que no convenció a la procuradora socialista.
Elena Pérez mostró su satisfacción por la decisión de la Junta y declaró que «el tiempo ha demostrado que teníamos razón» al haber solicitado de forma insistente la reapertura de las instalaciones. Asegura la procuradora que es también un triunfo de los pacientes, a los que se les ahorra el trastorno de tener que viajar a Burgos. Además, afirma que los oncólogos burgaleses deben estar tranquilos, ya que el porcentaje de vallisoletanos que atienden sólo representa el 30% del total y podrán rebajar sus listas de espera «que llegan a los 14 meses».
Avatares y presiones
La historia de la Unidad de Consejo Genético del Cáncer de Valladolid, primordial para la prevención de tumores malignos hereditarios, es corta pero plagada de avatares y de intereses, en ocasiones más políticos que sanitarios.
Fue presentada como la gran novedad, junto a la Unidad de Quemados, del nuevo Río Hortega. Pero la primera fue clausurada a los cuatro meses de su apertura y la segunda aún no ha entrado en funcionamiento. El cierre, a finales de abril de este año, a los cuatro meses de su puesta en marcha, no fue nunca suficientemente argumentado por el consejero de Sanidad, Javier Álvarez Guisasola. Pero tiene su origen precisamente en su apertura, protestada por los oncólogos de la Unidad de Burgos, temerosos de verse relegados a un segundo plano o, incluso, condenados al traslado o la desaparición. La batalla entablada en la capital burgalesa fue apoyada por partidos políticos que movilizaron a la ciudadanía de toda la provincia. Manifestaciones y recogida de firmas alarmaron a las autoridades. La decisión fue presidencial.
Herrera tomó cartas en el asunto y cerró la Unidad vallisoletana, «de forma unilateral, sin consultar al consejero ni a la Unidad, ni al Instituto de Biología Genética Molecular, que atiende también a pacientes», explica Pérez, que lamenta que la inversión de dos millones de euros no esté siendo amortizada y que los especialistas hayan visto interrumpida su labor sanitaria e investigadora.