«Si no fuese por estos centros... Yo a él no le quiero ver ni la cara». Así de rotunda se muestra una de las madres que, los fines de semana alternos, acude a uno de los centros que Aprome (Asociación para la Protección del Menor en los Procesos de Separación de sus Progenitores) tiene en Valladolid para que su ex pareja recoja al hijo de ambos. Aunque cada caso es único, muchas de las familias que pasan por aquí -134 en la provincia en lo que va de año- llegan con una denuncia de malos tratos bajo el brazo, con su pertinente orden de alejamiento. «La persona que tiene la orden de alejamiento debe acudir al punto de encuentro 15 minutos antes de la hora de visita. Una vez en el punto de encuentro se avisa telefónicamente a la persona que tiene la orden de protección para que lleve al menor. La persona que tiene la orden de alejamiento no puede salir del punto de encuentro hasta que hayan transcurrido 15 minutos desde que se vaya la otra parte», explica María Luisa Sacristán, presidenta de Aprome.
«Jamás le he hablado mal de su padre pero el niño no quiere verle. Me dice 'Mamá, con papá no'. Tengo que engañarle para venir y siempre que llegamos a la puerta me dice 'Te he dicho que no me traigas'», cuenta una de las madres que lleva casi un año utilizando este servicio, subvencionado en Valladolid por la Junta de Castilla y León, el Ministerio de Sanidad y Política Social, la Diputación y el Ayuntamiento. Pero cuando el niño ve a su padre todo es alegría. «¿Papá, jugamos?». Con la apertura del centro de Laguna de Duero este fin de semana, Aprome cuenta en la actualidad en Castilla y León con 16 puntos de encuentro, en los que trabajan 69 profesionales entre psicólogos, trabajadores sociales, educadores sociales, psicopedagogos, pedagogos y monitores de tiempo libre. «Contamos con puntos de encuentro en todas las capitales y en todas las localidades de más de 20.000 habitantes», señala Sacristán.
Lugares neutrales
Desde enero hasta el pasado mes de septiembre, han sido 1887 los menores atendidos en toda la región, 527 en Valladolid. Víctor es el padre de dos de estos niños que, cada domingo, pasan en el centro dos horas con su progenitor. «No lo disfruto mucho porque no puedo salir. Me gustaría poder ir al parque o salir a dar un paseo pero no puedo», señala resignado. «Estoy aquí por mi mala cabeza. Me siento arrepentido. El alcohol lo daña todo. Son mis niños. Yo con su madre no hablo ni por teléfono pero por ellos... todo», indica. Víctor tiene una niña de cuatro años y un bebé de 11 meses. Cuando la mayor llega al centro y ve a su padre, literalmente, se le cuelga del cuello. Él se la come a besos. «Siempre me pregunta 'Papá, ¿cuándo vas a casa?'. Le digo, 'no puedo'. Ella me dice '¿Pero cuándo vas?'», cuenta este padre.
Es difícil que en este trabajo no se te encoja el alma. «Hemos tenido casos en los que los padres han conocido a sus hijos, después de cuatro años, aquí, con nosotros. 'A priori' son casos muy difíciles pero también hemos tenido casos que, en un principio, parecían fáciles y luego se han encallado», cuenta María José Moreno, coordinadora de Aprome en Castilla y León. «En todas las profesiones hay enfermos terminales. Si te empeñas en que vas a poder con todo... Hacemos todo lo posible pero hay veces en las que tenemos que reconocer que ya no podemos hacer más. Soy de las que pienso que si no se ha solucionado en dos años hay que buscar otras alternativas de intervención externas. Los niños ya ven con naturalidad venir aquí para encontrarse con sus padres y las familias se acaban acomodando para no tener que volver a pasar por otro mal trago. Hay que prepararlas para aprender a superar otras dificultades», apostilla María Luisa Sacristán.
Los malos tratos no es el único motivo que lleva a las familias a necesitar estos puntos de encuentro. El rechazo del niño a una de las partes, la existencia de una toxicomanía, la sospecha de maltrato o, simplemente, la necesidad de un lugar adecuado para llevar a cabo el régimen de visitas, por ejemplo, por residencia en otro municipio, convierten estos centros en los lugares neutrales ideales para normalizar las relaciones. «Nuestra misión es que vivan con naturalidad la nueva situación. Nuestro trabajo es que puedan seguir ejerciendo de padres», apostilla la presidenta de Aprome, asociación que, en toda España, cuenta ya con 23 puntos de encuentro; a los que sumará uno antes de que acabe el año. Las lágrimas y las risas se entremezclan a diario en estos lugares donde, como asegura su presidenta, «la 'vitamina C' es el cariño».