V
icente Aranda mantiene sus constantes. Experimenta en 'Luna caliente' con los efectos de las pulsiones humanas más primarias y lo hace desde la adaptación de una novela. Llega a la Seminci encantado de que su película se exhiba fuera de concurso. «No me gusta la competencia. Ni entre actores, ni entre directores, ni entre nadie», afirma el realizador catalán (1926).
-Vuelve a hablar de los impulsos (sexuales) y de su poder destructivo.
-Fundamentalmente es un experimento pero no sé todavía el resultado. Yo tengo tendencia a colocar en primer término lo más convencional y en segundo, tercero o cuarto, lo más importante. Espero que ese experimento se entienda.
-Y ha contado con alguno de los actores con más verdad de hoy como Eduard Fernández.
-Yo ya quería llevar a Eduard en una película anterior pero no quiso el productor porque, por lo visto, cuando este actor entra en un restaurante no se queda todo el mundo mirándole. Pasa desapercibido y no es un galán. Pero a mí me gusta como lo hace y, sobre todo, tiene una condición: que piensa. Y la cámara es muy propicia a recogerlo. La cámara es una máquina que descubre lo que piensas. Cuando un actor piensa dicen que tiene fotogenia, pero, en realidad, quiere decir que usa la cabeza.
-Una vez más adapta una novela, una constante en sus trabajos.
-Sí, he adaptado una novela del mismo título del argentino Mempo Gardinelli. Es una especie de doctor Jeckill y Mr. Hide. Y vamos a ver qué pasa. Sobre su pregunta debo decir que a veces nos olvidamos de que el cine americano son adaptaciones en el 90% de los casos. En el mío no pasa del 50%. Tampoco me parece una exageración. Las adaptaciones tienen la ventaja de que suelen venir del productor, que suele marcar la pauta. Porque hacer un guión adaptado o sobre una idea propia dan el mismo trabajo los dos.
-¿Rafael Azcona nos ha dejado tan huérfanos de guionistas?
-Es que, en realidad, guionistas no ha habido nunca. Lo que sí hay es enamoramientos de autores con un asunto. Cuando un director le dice sí a 'Casablanca' es por algo.
-Es uno de los directores más regulares. Una película cada dos años es su plazo inalterable.
-Yo mismo me lo pregunto pero no sé por qué. Yo me doy ya ese plazo, dos años. Pero una película no se termina ni siquiera cuando la has estrenado, está vigente y demanda cosas. Y yo tardo dos años en cumplir con todo. Incluso a veces ni siquiera he terminado y llega el plazo para iniciar otro proyecto. A veces tengo miedo a sobrepasarme de ese plazo y que no ruede después.
-¿El cine de hoy se podría permitir un experimento como su 'Tirante El Blanco' (2006), de gran coste y baja audiencia?
-No puedo hacer otra cosa que experimentar. En realidad una aventura de este tipo ya la había hecho antes. Pero es muy sencillo, creo que en una película debe aparecer el pensamiento de alguien, generalmente el director. Cuando no hay director aparece otro que piensa, que puede ser el 'script' o el montador. La cámara siempre tiene tendencia a escoger a alguien.
-¿Cuesta cada vez más lograr el sí del productor aunque se apellide Aranda?
-Empecé en el cine y ya se hablaba de crisis, aunque es cierto que ésta es más verdad que la de hace 40 años. Yo voy al cine con cierta frecuencia y me he encontrado con salas en los que me han pasado la película a mí solo. Es verdad que hoy día es muy difícil montar una película, no sólo para mí sino para todo el mundo. Y también por lo visto en Nueva York, porque Woody Allen está trabajando con los elementos más baratos posibles. Incluso ha reducido el metraje a menos de hora y media. Se ha limitado a lo estrictamente necesario. Ha usado mucho ingenio, a montones, pero barato.
-Fue uno de los fundadores de la Escuela de Barcelona, ¿cómo ve esta nueva etapa de aquella institución que parece ser la vanguardia?
-El cine se va acercando a lo testimonial y eso es bueno. Al cine americano le pasa lo mismo, es un fenómeno general. Tras una etapa en la que lo importante era lo argumental, vuelve a reclamarse más peso sobre el compromiso, con una idea, con una política, con lo que sea, pero con algo.
-La Seminci ya le dedicó a usted una retrospectiva. El año pasado fue a Elías Querejeta y este año le toca a Carlos Saura. Ustedes son los tres hijos de una generación seminal del cine español.
-Tengo mucho respeto por Saura. No creo que haya películas mejores y peores, hay directores mejores y peores. Y los hay que sólo se quedan en los aspectos económicos y los hay que contribuyen a que el cine avance. Saura es uno de ellos.