Ubicado en una de las calles más céntricas de Valladolid, el teatro Lope de Vega agoniza mientras ve como sus compañeros salen de la decrepitud y se visten de modernidad escénica. Primero fue el Calderón, hijo del mismo arquitecto que la sala de María de Molina, Jerónimo de la Gándara, y ahora referente en la vida cultural de la ciudad. La reforma del teatro ubicado en la calle Angustias comenzó en noviembre de 1995 y la inauguración tuvo lugar en diciembre de 1999 tras una inversión de 14.652.675 euros, cuyo coste se repartió entre el Ayuntamiento (5.234.815), Ministerio de Fomento (6.250.525), Junta de Castilla y León (2.524.250) y el Instituto de Artes Escénicas del Ministerio de Cultura (643.082).
El otro espacio que ha ganado la carrera al Lope de Vega ha sido el teatro Zorrilla. Cerrado al público desde 1998, la Diputación de Valladolid lo adquirió en el 2001. Las obras de rehabilitación comenzaron en el 2004 y la inauguración tuvo lugar el pasado mes de septiembre. La institución provincial se ha gastado 9,2 millones de euros en la reforma, dos de los cuales los ha aportado la Junta de Castilla y León.
A estos veteranos rejuvenecidos hay que sumar el Centro Cultural Miguel Delibes, un espacio versátil, diseñado por el arquitecto catalán Ricardo Bofill, que ha quitado clientes a los escenarios más clásicos de la capital y en el que el Ejecutivo autonómico ha invertido más de 72 millones de euros.
Más de siete millones
La reforma del Lope de Vega, pendiente de una decisión de los directivos de Caja Duero, se plantea como respetuosa con este teatro a la italiana, pero con la intención de sacarle el máximo partido. Así, se prevé mantener la misma estructura del espacio escénico, pero aprovechar al máximo otros enclaves del inmueble. Entre ellos, la recuperación del edificio lateral de la calle Veinte de Febrero, ocupado antes por un mesón. Este inmueble se convertirá en una sala polivalente con acceso independiente y tendrá dos plantas preparadas para todo tipo de actividades. El proyecto de Fernández del Castillo, experto en rehabilitación de edificios históricos, prevé el cambio de cubierta por un tejado de cobre oxidado que, con la apertura de dos grandes lucernarios, convertirá esta zona en lugar ideal para exposiciones o actos sociales. Además se quiere sacar partido al vestíbulo original y recuperar el edificio de camerinos que da a la calle Doctrinos. El presupuesto de esta obra supera los siete millones de euros.