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«Recibimos muchos menos donativos que antes de la crisis»

MARÍA LEAL,

«Recibimos muchos menos donativos que antes de la crisis»


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Médico especialista en Medicina Tropical, María Leal Paraíso (Valladolid, 1967) pertenece a la congregación de las Hermanas Carmelitas de la Caridad de Vedruna. Ha dirigido durante los últimos siete años el Hospital de Kingungi, una población de la República Democrática del Congo. A la espera de un nuevo destino en alguna zona del mundo de las más necesitadas, habla de su experiencia y de las inestimables ayudas recibidas de las manos de los miembros del Rotary Club de Valladolid. Unas aportaciones que son fundamentales para solucionar los desaguisados del día a día, pero para las que no se contempla la colaboración de las oenegés.
-¿Cuando acabó la carrera se fue a África?
-Estudié Medicina en Valladolid y Medicina Tropical en Amberes, hice unas prácticas de seis meses en Guinea Ecuatorial. Me enviaron dos meses y medio en verano para tener un poco de experiencia, y ver si era capaz de aguantar, y si tenía valores o no.
-¿Cuándo va a Congo?
-En 1998. En marzo hice once años.
-¿Cuáles fueron sus funciones?
-Como médico en el hospital de Kingungi. Después de unos años, también he sido la directora, además de llevar todas las especialidades porque no hay más médicos.
-¿Fue muy duro, sobre todo siendo mujer?
-Sí, pero no por el hecho de ser mujer, porque al ser religiosa la población nos ve con otros ojos y nos respeta. Por el hecho de ser blancas consideran que tenemos otra formación y que podemos ser capaces. Pero sí que es verdad que los hombres son los que mandan y les resulta un contraste.
-¿Cuáles son las principales necesidades que tiene el hospital?
-¡Uy, principales! Es difícil decir cuáles son las principales. Hemos incidido en las más urgentes y ahora tan tan urgentes no hay. Había problemas de comunicación, pero conseguimos colocar Internet para comunicarnos con el mundo y, desde el punto de vista profesional, nos ayuda a resolver dudas y a estar un poco al día. Tenemos 154 camas.
-¿Es usted la única europea?
-Médico, sí, las otras europeas son de la congregación. Hay una hermana mayor, de 80 años, y una enfermera que se ocupa de la farmacia desde el 2006.
-Una de sus fuentes de ingresos son las ayudas. ¿De qué manera ha colaborado el Rotary Club de Valladolid?
-Han colaborado mucho, cada año de forma distinta. La primera ayuda que nos llegó del Rotary Club de Valladolid fue muy importante, nos envió un contenedor con camas y mesillas, que nos sirvieron para cambiar un pabellón entero. Además, son camas articuladas de esas que permiten subir y bajar los pies y la cabeza. Fue una revolución para la gente de allí. Bastó con limpiarlas, quitar un poco el óxido y pintarlas, quedaron como nuevas. Nos mandaron también camillas, mesas de exploración, sofás y taburetes.
-En España no parecen tan importantes.
-Pero allí sí. También nos han enviado un motor eléctrico muy potente para la luz.
-¿Durante cuánto tiempo han colaborado con ustedes?
-Durante siete años. Gracias a los rotarios construimos una casa seminario. Nos dieron ayuda para llevar el cable de la luz desde el hospital hasta allí. A partir del primer envío, nos han mandado una aportación económica de forma regular, que aumentó en los dos últimos años. Colaboran mucho para el mantenimiento, porque las oenegés ayudan en proyectos puntuales. Ninguna oenegé quiere darte dinero para el funcionamiento del día a día, por ejemplo pintar o encalar una pared, construir un muro, arreglar una grieta, cosas de ese tipo, que son sencillas pero también importantes. Son imprevistos. También están la compra de medicamentos y los sueldos del personal.
-Por lo tanto, la ayuda del Rotary Club es importante.
-Es una ayuda y consistente. Nos ayuda de verdad.
-¿Volverá a África?
-Estando en Valladolid de vacaciones me han informado de que me van a destinar a otro lugar, pero no me lo dirán hasta noviembre porque están estudiando las leyes del país.
-¿Sabía al regresar a España que no iba a volver?
-No lo sabía, pero se intuye porque es raro estar tantos años en el mismo lugar.
-Regresó a Valladolid de vacaciones y para realizar prácticas en el hospital Río Hortega.
-Vine en abril. Estoy en ecografías para aprender, porque en el hospital de Kingungi habíamos recibido un ecógrafo de la Fundación Humanitaria Trueta, catalana. Quería ganar seguridad con uno de los pocos aparatos que tenemos y que es muy importante. Imagínate, cuando llegan al hospital no te dicen la verdad porque han ido a curanderos y brujos, o se han tomado raíces, hojas y cortezas para intentarse curar. Pasan semanas y meses, la enfermedad va avanzando y acuden en peor estado. Piensan que si nos dicen la verdad nos vamos a enfadar y les vamos a dejar de lado. Para ellos es muy importante tener muy buena relación con todo el mundo siempre. Casi todos intentan engañarnos.
-La verdad es fundamental para llegar a un diagnóstico.
-Claro. El ecógrafo nos ha ayudado mucho, sobre todo en maternidad. Muchas mujeres que se quedan en los pueblos mueren. El ecógrafo nos ha sido de una utilidad inmensa.
-¿Su próximo destino?
-En principio, África ya no. Será Asia o América.
-Si hay crisis en los países ricos, será peor en los pobres. ¿Se nota mucho en Congo?
-Antes el país era pobre, ahora es mísero. Lo que he notado es que recibimos muchos menos donativos que antes. Quizás la gente no pueda dar tanto como quisiera. Las últimas vacaciones vine con la idea de pedir, pero he preferido ver antes cómo estaba la situación en España por la crisis. Quizás se encuentra comida más fácilmente que en Congo, pero entiendo que aquí hay que pagar la hipoteca, la luz, el teléfono, el agua, el coche...
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«Recibimos muchos menos donativos que antes de la crisis»
La misionera María Leal Paraíso, en la casa de la congregación en La Cistérniga. / RICARDO OTAZO
El Norte de Castilla

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