Que el líder gane al último clasificado es lo lógico, lo normal, lo que la mayoría espera... Que el Real Valladolid B derrotase al CD La Granja no es que pille por sorpresa. Estaba dentro del apartado de previstos, así que nada extraño. Otra cosa bien diferente, según se desarrolló el partido, fue la forma en la que el filial blanquivioleta se llevó los tres puntos, con muchos más apuros de los que podía pensar en un principio.
¿Qué es lo que tiene que hacer un equipo humilde, que marcha último, para sorprender a uno mayor? Caben varias opciones. La primera, que con el cambio de hora, el rival se presente una hora más tarde y se le dé el partido por perdido. No fue el caso.
Segunda, que el equipo más fuerte tenga un mal día y aún así, hay que estar concentrado al cien por cien. Y tampoco es una garantía de éxito. Una tercera posibilidad es que alguna vez el colegiado se apiade del más débil. No se trata de hacer la vista gorda; no es eso, sino de al menos ser justo. El penalti que pitó en contra del conjunto granjeño es una buena muestra. Álvaro tenía el brazo pegado al cuerpo y no hizo intención de cortar el balón. Dieron igual las explicaciones; el auxiliar se mostró inflexible. Con ese gol se adelantó el Real Valladolid B. La pregunta es qué hubiera sucedido en el campo contrario, ¿lo hubiera pitado?
Como no se dio ninguno de estos casos, el CD La Granja tuvo que apelar al trabajo, al esfuerzo. Es cierto que el Real Valladolid B fue mucho líder, sobre todo en los primeros minutos, que el equipo de Arribas no llegaba al área visitante, pero se situó bien y con sus armas, hizo lo que mejor sabe hacer. Mantener el orden, no ceder, y que el filial vallisoletano no se encontrara a gusto. Y eso sí que lo consiguió en buena parte del encuentro, hasta el punto de que casi le da un susto. Casi... Siempre es lo mismo; le falta dejar a un lado ese casi.
El líder dio muestras de su condición en los primeros minutos. Tiene una concepción clara del fútbol, de mucho toque, de ir madurando el partido, de jugar hasta con el portero si hace falta, para encontrar espacios y aprovechar la calidad de los jugadores que tenga arriba.
En el partido de ayer los que más problemas crearon fueron Sergio García y sobre todo Néstor, que dio muchos problemas a la zaga del conjunto granjeño, aunque tanto Jonathan como Domingo (en lugar del sancionado Pluma) por el centro, como Álex II y Álvaro por los laterales, trataban de no dejar maniobrar a los técnicos jugadores del conjunto blanquivioleta y de calidad, como Jesús Alonso (el que estuvo en la Segoviana, reconvertido a lateral derecho), el lateral izquierdo Yuri y el goleador Bacari, aunque ayer no jugó de inicio. Y en último lugar ya se encargaba Yiyo de desbaratar los planes del conjunto local; el meta del CD La Granja realizó dos buenas intervenciones a lanzamientos de Néstor. Los visitantes apenas llegaron con peligro (sólo un lanzamiento de César Bravo, a las manos de Javi Jiménez), pero se defendían bien.
Pero llegó la jugada del penalti, por unas manos de Álvaro a un centro de Sergio García. No hay intención de despejar el balón y las manos no estaban despegadas del cuerpo. Si pita ese penalti, habrá que ir pensando en pitar en todos los campos a partir de ahora cuando se produzcan ese tipo de jugadas. El propio Sergio García se encargó de lanzarlo y engañó a Yiyo. 1-0.
Lo mejor del equipo de Arribas fue su reacción. Para qué lamentarse. En su situación, cualquiera podía haberse descompuesto. Entonces a lo mejor se hubiera llevado un carro de goles. No lo hizo. Sus jugadores no dejaron de darse ánimos constantemente. Mantuvo la misma línea de juego y se dejó ver más por el área del conjunto local, a remates de Adrián y de Domingo.
Empate
La mejor versión del equipo de Arribas estaba por llegar. Logró empatar con un certero remate de cabeza a la salida de un saque de esquina de Raúl. Y empezó a creer en sus posibilidades. El técnico vallisoletano, Onésimo, no lo veía tan claro. Dio entrada a su goleador Bacari y también a Durán, pero no tenía tan claro como superar la línea dispuesta por Arribas en el centro del campo.
Pero el Real Valladolid B volvió a marcar, esta vez en un balón que había despejado en primer lugar Yiyo, pero el balón llegó a los pies de Iosu Villar, que no perdonó. Otra vez a remar contra corriente, pero en una bote salvavidas. El cansancio empezaba a hacer mella en una calurosa (aunque nublada mañana) y lo siguió intentando, como en un remate de Chiqui, fuera, en otro de César Bravo, que paró bien el portero local y en otra, en un contragolpe, en el que intentó sorprender de muy lejos. El CD La Granja cayó con honra y sigue colista; la lástima es que no sólo con honra se gana.