Pilar Rodríguez dirige desde 1992 la Biblioteca Histórica de la Universidad de Valladolid, una auténtica joya tanto por el continente como por el contenido, un contenido del que se nutren numerosos investigadores para hacer sus trabajos relacionados con múltiples materias de las que tratan los jugosos fondos. Pero el año pasado se coló el 'ladrón del cúter', con documentación falsa. Se llevó un libro y arrancó mapas de otros. Fue detenido en la 'operación Biblión', pero los documentos no han sido todavía recuperados.
-¿Es un lujo trabajar en la Biblioteca Histórica?
-Es un lujo auténtico, por el tipo de libros que tenemos, por el trato con los investigadores, las visitas son agradecidas...
-Porque no es una Biblioteca al uso...
-Los libros son muy valiosos, están muy protegidos y custodiados, y se consultan en la sala de investigadores, no se pueden llevar a casa. Sólo salen de aquí para exposiciones y con su seguro correspondiente.
-¿Qué fondos guarda?
-Tenemos una colección de 528 manuscritos, 355 incunables y raros, un fondo impreso de 26.000 libros de los siglos XVI, XVII y XVIII de y 4.000 legajos.
-¿Cual es la auténtica joya?
-El Beato de Liébana, un manuscrito del año 970, escrito en latín con letra visigótica que recoge en su texto parte del Apocalipsis de San Juan y los comentarios que hace el beato sobre el mismo, y tiene 87 miniaturas preciosas.
-¿Se puede ver en la Biblioteca?
-El original está en la caja fuerte, junto con el documento fundacional del Colegio de Santa Cruz y un privilegio de los Reyes Católicos. No obstante, en la Biblioteca existen facsímiles de todos ellos que se pueden consultar, pero el más valioso de todos es el Beato que está valorado en doce millones de euros cuando sale para exposiciones. Es una obra única.
-¿Qué se les exige a los investigadores para acceder a los documentos?
-Tienen que rellenar un formulario, dejarnos el carné de la Universidad, si pertenecen a ella, y si son de fuera tienen que aportar su pasaporte y una carta de presentación, si están haciendo algún trabajo para un departamento, del responsable del mismo o de la institución académica. Trabajan en esta zona y hay una persona que controla la biblioteca.
-Aún así se les coló un amigo de lo ajeno...
-Era un periodista, de nacionalidad eslovena que quería investigar. Todo falso. Era un experto.
-¿Cómo se dieron cuenta de que les habían robado?
-Nos dimos cuenta porque nos quitó un libro con el sistema de dejar en su lugar otro igual, antiguo, con el mismo título, el mismo tipo de letra, tamaño y encuadernación. Gracias a que a la semana siguiente vino la restauradora. Teníamos pendiente restaurar una hoja rasgada, fui a buscarlo, lo empecé a mirar detenidamente y me vino el 'flash'... Nos lo habían robado.
-Y de los mapas...
-Automáticamente comprobamos las fichas donde se apunta lo que se consulta y lo mismo, había desaparecido una docena.
-Un disgusto tremendo.
-Mucho. Lo denunciamos a la Policía y me dijeron que ya había actuado en El Escorial y después en Salamanca, pero con otros pasaportes falsos. No quisimos decir nada a la prensa, pensé que igual se confiaba y vendría al año siguiente..., pero fue un mes después, en junio, cuando el Grupo de Patrimonio de la Guardia Civil avisó de que estaba por aquí... pero no entró porque estábamos en obras en la fachada principal y desconocía el acceso lateral. Entonces se marchó a la Biblioteca de Castilla y León, a Soria y fue detenido en Pamplona. En ese tiempo había quitado ya 66 mapas de otras bibliotecas y ese material fue recuperado porque no se había marchado al extranjero.
-¿Y el de esta biblioteca?
-El Juzgado del El Escorial lleva las denuncias, porque ni la Real Biblioteca de allí, ni Salamanca ni Valladolid hemos recuperado aún lo que nos han robado. El problema, según la Guardia Civil de Patrimonio, es que necesita una orden del Juzgado para poder intervenir fuera de España. El ladrón, creo que vivía en Puerto Rico, y a saber dónde ha vendido los mapas y a quién. La Biblioteca Nacional tardó dos años en recuperar sus documentos, que fueron localizados en Australia. Nosotros, urgimos a que se dé la orden... y estamos en ese 'impás'.