La capital vallisoletana -a fecha de 31 de diciembre del 2008- cuenta con 20.568 perros censados, de los que 122 son considerados potencialmente peligrosos (PPP). La cifra se eleva hasta los 1.003, atendiendo al cómputo de toda la provincia, lo que sitúa a Valladolid como la segunda de la región con mayor número de perros peligrosos censados, después de León (1.490). A éstas les siguen Burgos (663), Salamanca (606), Ávila (522), Zamora (471), Segovia (434), Palencia (427) y Soria (135).
La clasificación de PPP se establece a raíz de la relación de razas que aparecen en la ley 50/1999 de perros potencialmente peligrosos; rottweiler, american pit bull terrier, staffordshire bull terrier, american staffordshire terrier, dogo argentino, fila argentino, tosa inu y akita inu, son las ocho razas consideradas como potencialmente peligrosas atendiendo a su propia naturaleza canina.
No obstante, también se atribuye esta etiqueta a todos los perros que cumplan otros atributos físicos, como poseer una gran musculatura, pelo corto, un perímetro torácico de entre 60 y 80 centímetros, cuello ancho o pecho macizo.
Hay que matizar que el hecho de que un perro sea considerado como peligroso no implica que por su propia naturaleza tenga más posibilidades de atacar que otro, sino que sus rasgos físicos le hacen más susceptible de originar daños mayores en caso de producirse un ataque.
Para poseer un perro de estas características es necesario estar en posesión de una licencia que verifique que el propietario es mayor de edad y que carece de antecedentes penales, disponer de una adecuada capacidad física y psíquica y tramitar un seguro de responsabilidad civil que cubra indemnizaciones a terceras personas, que puede llegar hasta los 180.000 euros. El documento deberá ser renovado cada cinco años y el incumplimiento de cualquiera de las premisas anteriormente citadas se considerará como falta grave, lo que puede conllevar a multas de entre 150 y 1.500 euros.
Una vez que el dueño posea un animal de estas características deberá atenerse a otra serie de normas de uso público, como pasear al perro con correas cortas (no más de dos metros de longitud); las correas extensibles están prohibidas en este caso.
Asimismo, el animal deberá portar un microchip para que pueda ser identificado y llevar bozal siempre que salga a la calle. Si estuviera en fincas, casas de campo o terrazas, el perro deberá estar atado a no ser que existan barreras suficientes para que no pueda salir del recinto.
Reflejo de los dueños
Como se suele decir, los perros son fiel reflejo de sus dueños. Ciertamente, la educación recibida por el animal es la parte esencial que definirá su comportamiento a lo largo de su vida, o al menos esta es una de las teorías que se barajan entre la vasta cantidad de estudios realizados sobre el tema y que llegan a la conclusión de que los perros son peligrosos si sus dueños les educan de tal forma.
De hecho, algunos países ya han tomado medidas para anular o modificar la ley de perros potencialmente peligrosos debido a su «ineficacia», como manifiesta la asociación Iadcro. Ante la falta de datos que informen sobre ataques caninos en la región, las informaciones facilitadas por este colectivo sirven para evidenciar que el pastor alemán es el perro que más ataques ha protagonizado desde 1991 hasta el 2005, con un total de cinco de las 17 muertes que se produjeron en España por este tipo de agresiones.
No obstante, la adiestradora Russell Simoni asegura tener conocimiento de numerosos ataques de yorkshire y otras razas cuya complexión física no responde al perfil de un perro peligroso. Por tanto, no es cuestión de intimidación, sino de formación. Los estudios realizados por Simoni se centran en ofrecer una educación canina en positivo, consistente en premiar al animal ante una respuesta positiva en lugar de someterlo o castigarlo para que responda a las órdenes del dueño, motivado por el miedo. De hecho, el miedo es una de las principales razones por las que atacan los animales, según los estudios realizados por etólogos caninos.
La adiestradora confirmó que en unos seis meses se puede lograr que un perro aprenda las nociones básicas de comportamiento y aseguró que siempre se obtienen «mejores resultados optando por el primer método».
Para una persona como Jesús, que lleva criando perros de esta naturaleza durante más de 20 años, se presenta harto complicado etiquetar a un can como malo o peligroso; asegura que sus perros son «maravillosos» y que gracias a sus cuidados, los rottweiler que posee son tan sociables como cualquier otro perro bien educado. El criador comentó que esta raza comenzó a ganar su mala fama cuando superó al idolatrado pastor alemán en numerosos aspectos como la seguridad, el salvamento, la defensa o el trabajo deportivo. «No hay perros malos, la culpa es el del ser humano», sentenció Jesús, quien aseguró no haber sufrido ninguna mordedura u otro contratiempo con los perros en todos los años que lleva criándolos. Acto seguido, recalcó que el perro «siempre tiene las de perder», ya que en caso de registrarse un ataque, el animal acaba siendo sacrificado, mientras que los dueños reciben multas, a su parecer, insuficientes. La falta de responsabilidad por parte del amo se erige como otra de las razones por las que los animales presentan comportamientos agresivos, ya que para criar a un perro hace falta algo más a parte de darle de comer y sacarle a pasear.
Desde la protectora de animales se ha confirmado que llevan «muchos años» sin recibir un perro de estas características, por lo que intuyen que la sociedad empieza a tomar conciencia. Sin embargo, un estudio elaborado por Pedigree desvela que el abandono animal ha crecido en España un 8% respecto al año pasado, con más de 100.000 casos. En Castilla y León, el aumento se data en un 3% respecto al 2008. Según las cifras, la falta de concienciación de los dueños es la causa que mayor porcentaje registra (19,3%), mientras que la mala conducta de los perros es la última razón con un 3%, lo que evidencia que la peligrosidad de los animales es relativa, si se compara con el grado de compromiso de los dueños. Según la DGT, los perros abandonados llegaron a causar casi 3.000 accidentes de tráfico el pasado año, siendo Castilla y León, Andalucía y Galicia las tres comunidades que más desgracias sufrieron. El perro siempre ha sido el mejor amigo del hombre; ahora sólo queda confirmar la viceversa.