«Takeshi Murakami no es un sucesor auténtico del pop, sino su hijo ilegítimo y falso, mezclado e híbrido», afirma el crítico Hiroki Azuma, convencido de que el artista pretende «reamericanizar» la cultura norteamericana que previamente ha sido japonizada. Un viaje de ida y vuelta que el espectador puede hacer ahora en Valladolid a través de 23 litografías y 22 pequeñas figuras que resumen el trabajo realizado desde el 2001 al 2008 por uno de los creadores más famosos y provocativos de las últimas décadas.
Un autor que funde la pintura tradicional oriental con los estilos gráficos y las técnicas de ilustración occidentales para crear una obra muy cinematográfica que recuerda tanto las historietas manga como los dibujos animados. «Son pinturas y esculturas coloristas y desenfadadas que ocultan un mundo apocalíptico con su aparente inocencia», afirmó ayer en la presentación de la muestra su comisario, Cecilio Rodríguez, quien recordó que los hongos son una clara referencia a las bombas atómicas que estallaron en Japón en agosto de 1945, mientras que las simpáticas flores sonrientes representan los efectos de la droga.
Organizada por la Fundación Municipal de Cultura con el patrocinio de Caja Mediterráneo (CAM) para inaugurar la remodelada sala de la Casa Revilla, la exposición, titulada 'Superflat. New Pop Culture', acerca el particular universo de Murakami, quien reclama el plano como valor autónomo en un espacio pictórico carente de perspectiva con el que pretende criticar los límites establecidos entre las clases culturales. Su estilo es el otaku, versión japonesa del pop americano, una fórmula que le permite reflexionar sobre el mundo que le rodea a través de una serie de personajes representados en las obras que acoge la muestra, como Mr. Dob, unas veces angelical y otras diabólico; la pareja formada por Kaikai y Kiki, unos curiosos seres de dibujo animados que el artista ha elegido como sus guardianes; Oval, que tiene dos caras, Mr. Pointy, Moss o las flores sonrientes, que recuerdan las ilustraciones de cuentos infantiles. Además crea lugares imaginados, como 'Planet 66', donde los protagonistas viven aventuras dignas de las historietas de los tebeos.
Algunos de estos personajes están también representados en sus miniaturas que, desde una vitrina, dialogan con las jóvenes rubias que saltan a la comba. Piezas que demuestran la afición por el cine -y especialmente por 'La guerra de las galaxias'- del artista de Tokio (1962), que ha expuesto en los mejores museos del mundo y ha hecho desde bolsos para Louis Vuitton y juguetes gigantescos a esculturas enormes que se pueden hinchar al aire libre.