Siempre le oí decir a Javier Cortes que en La Serna existían los restos de una villa romana tan antigua e importante como la tan afamada de La Olmeda. Y si lo decía, seguro que era cierto, aunque también me aseguraba que había sido muy expoliada ya en tiempos medievales. Les cuento esto para que sepan que la población de La Serna no es de anteayer ni mucho menos. El mismo nombre de la villa hace referencia a un campo del señor (senara), que se labraba y cultivaba aparte, cumpliendo con una de las muchas obligaciones de vasallaje que normalmente tenían contraídas las villas medievales que pertenecían a un señorío.
¿Quién ejercía ese derecho de señorío? Pues, muy posiblemente, el mismo monasterio que visitamos ayer en Nogal de las Huertas, el de San Salvador del Nucar, del que seguramente algunos vecinos de La Serna, si no todos, eran vasallos. Tiempos oscuros aquéllos de la Edad Media, donde hubo malos vasallos porque había peores señores.
Esta acogedora población de La Serna dista lo mismo de Carrión de los Condes que de Saldaña, instalándose en un balcón natural sobre la fértil vega del río Carrión que por allí discurre. Astutamente se coloca sobre un cortado elevado del terreno, ya que aunque La Serna quiere a ese río, no se fía de él, por eso con los fondos del Plan E se ha reparado el muro de contención de la escollera.
Todo esto no es óbice para que La Serna tenga uno de los más afamado cotos de pesca que en su curso se localizan. Y también un entorno conocido como La Chopera, que hace las delicias de vecinos y visitantes, pues allí hay pista deportiva, frontón, parque infantil, un gran campo de fútbol, y un merendero con hornillos, donde se puede disfrutar de un entorno protegido por densas y sombrías arboledas.
Y en eso andaban algunos de sus vecinos de La Serna cuando aparqué en la plaza del Ayuntamiento, disfrutando y pasando un buen rato en el juego de la tanga o nita, como conocen por allí a este entretenimiento tradicional castellano. La partida estaba de lo más animada, así como la conversación que mantenían algunas vecinas en una de las terrazas que tiene uno de los dos bares del pueblo, que en principio no querían que las fotografiase, pero que luego me preguntaron la fecha en la que iban a salir en el periódico.
Nombres de sus calles
Recorriendo la villa, vi que por allí había nombres de calles dedicados a la lealtad, al espliego y hasta a un maestro, lo que hace suponer que no puede ser un mal pueblo, pues se acuerda de sus preceptores. También sé -porque la he visitado antes de llegar al lugar- que La Serna tiene una planta solar fotovoltaica de 450 kilowatios, de promoción municipal, y que fue galardonada a principios de este año en Barcelona con los Premios Solar 2008.
Asimismo, veo que por allí existen dos casas rurales y la quesería artesanal Puebla, que elabora deliciosos y cremosos productos lácteos -sobre todo quesos-, con la leche de sus propias ovejas.
Para finalizar esta breve visita a La Serna, les diré que su iglesia parroquial está dedicada a la Asunción de la Virgen, y que se distribuye en una sola nave con algunas capillas laterales. Cúbrese parte del templo con bóvedas de crucería gótica estrelladas, cuyas claves son pinjantes, instalándose sobre el crucero una imponente cúpula adornada con excelentes yeserías barrocas.
Dentro del edificio sacro y formando parte de su patrimonio artístico, podemos admirar varios retablos rococós del siglo XVIII. El mayor, que es del XVII, fue obra de Juan de Espinosa, y en él pueden admirarse bellos relieves en el banco y en el tabernáculo, así como una bien labrada pila bautismal de la misma época.