La cara de asombro de un chaval llamado Adrián Infante Huerta simbolizó ayer el fortísimo apoyo social que ha generado el
Real Valladolid de la campaña 2009-10. La incorporación de este adolescente de 16 años a la cada vez más robusta familia blanquivioleta permitió al club superar su marca histórica de abonados. La cima se situaba en los 18.591 carnés de la campaña 1997-98, cuando la ciudad celebró con profusión de abonos la llegada de la Copa de la UEFA. Ayer, esa barrera que se antojaba infranqueable quedó periclitada.
El nuevo récord blanquivioleta llega en una época de rampante crisis económica, paro desaforado y retracción de hinchas a los estadios. El fútbol goza de creciente atención social, pero la televisión, cada vez más exuberante en su realización, ha ido robando público a los clubes. El Real Valladolid puede hinchar el pecho y ondear la bandera opuesta. Ni crisis, ni frío, ni excusas por la falta de títulos: la gente quiere volver al estadio José Zorrilla. Las causas hay que buscarlas en la ilusión que ha despertado el nuevo proyecto deportivo del club, una gran campaña de publicidad (con el talento de Leo Harlem incluido) y el reconocimiento del éxito que supone para un equipo modesto mantenerse en una categoría tan exigente como la Primera División.
«Nos produce una satisfacción enorme. Estamos encantados de superar el récord en un año como éste», se congratula Jorge Santiago, director de operaciones del Real Valladolid, uno de los 'cerebros' de la campaña de abonados. «Hemos visto cómo otros clubes han bajado el número de abonados. Está el ejemplo del Almería, con una caída del 30%. Preveíamos un año complicado, pero hicimos la mejor campaña que podíamos hacer. Hemos mantenido los precios y hemos ofrecido financiación. Todo ha funcionado muy bien y estamos encantados», añade Jorge Santiago.
Rendimiento académico
Adrián Infante es el aficionado número 18.592, pero nunca habría gozado de la cuota de protagonismo que tuvo ayer si no le hubieran precedido otros 18.591 abonados deseosos de ver fútbol en directo y apoyar al Real Valladolid. Adrián Infante ejemplifica también la savia fresca que fluye hacia el club de la Avenida del Mundial 82. Su incorporación a la nave blanquivioleta se produce algún tiempo más tarde de lo que él habría deseado. Sólo tras progresar en los estudios y mejorar su rendimiento académico, su padre, Jesús Infante, le ha permitido acudir cada 15 días a Zorrilla. Ahora, Adrián cursa Bachillerato en el instituto Antonio Tovar de Arturo Eyries.
Adrián Infante llegó a las 17.15 de ayer al local que el Real Valladolid ha mantenido durante toda la campaña en la Plaza Mayor. Le acompañaba su padre, poco aficionado a los eventos deportivos. Con cara de aterrizar en Marte, el abonado del récord aguantó estoicamente los fogonazos de los fotógrafos. Tras cumplimentar sus datos, los empleados del Real Valladolid le obsequiaron con una camiseta oficial en cuya parte frontal figuraban cinco cifras pulcramente planchadas: 18.592. Al ser menor de edad, el otro regalo -una botella de vino- fue a parar a manos de su progenitor.
Adrián, nacido en Valladolid pero criado en Valdestillas desde los tres años, posó orgulloso con su carné de cadete, que le permitirá vivir el fútbol en el estadio con sus amigos en la Grada Sur. A partir de mañana domingo, su padre se alternará con los padres de otros chavales de Valdestillas para acercar a los jóvenes abonados del pueblo al José Zorrilla.
«Casi me he sentido como un futbolista profesional», explicó Adrián Infante. «He venido para hacerme socio y me he encontrado con todo lleno de cámaras. Me parece increíble haber contribuido a batir un récord. Espero que el domingo ganemos al Athletic. Voy a animar desde el primer minuto hasta el final», añadió el nuevo abonado que permitió al Real Valladolid superar su récord de carnés.
Expectación creciente
El club blanquivioleta vivió expectante el acaecimiento de la plusmarca. A las diez de la mañana, el 6 era la cifra mágica de carnés para superar el récord. A las 10.34, una llamada desde las oficinas del estadio corrigió las cuentas: el décimo abono de la jornada permitiría sobrepasarlo. Seis minutos más tarde, llegó la primera alegría: un carné infantil comenzó a reducir la cifra. Tras algunos momentos de titubeo con una de las impresoras, se formalizó el abono.
Antes de las once de la mañana, Jorge Santiago confirmó dos carnés a sendos futbolistas del Real Valladolid. Sólo quedaban siete. El local de la Plaza Mayor recibía visitas con intereses variopintos: entradas para el choque ante el Athletic («se venden en el estadio»), peticiones de bufandas («se venden en la tienda de la calle Guadamacileros»), o recogida de las almohadillas del periodo incentivado.
Los minutos transcurrían sin más abonados. A las 12.39 se produjo una nueva renovación: un carné infantil en Preferencia A. «¿Lo saco o no lo saco?», preguntó el interesado por teléfono ante la ocupación del sitio pretendido. Finalmente, desembolsó los 74 euros pertinentes. Quedaban seis carnés y la duda flotando de si el récord llegaría durante la jornada del viernes.
Una llamada desde Zorrilla disparó los nervios. Los ordenadores del estadio habían registrado cinco abonados más gracias a una empresa. El récord quedaba igualado.
El local de la Plaza Mayor cerró sin novedades a las dos de la tarde y la plusmarca quedó pospuesta para la sesión vespertina. A las cinco menos cinco, varios curiosos se dieron cita en la puerta. «He escuchado en la Ser que el primero bate el récord de abonos y estoy aquí por curiosidad», manifestó una señora. Sin embargo, nadie acudió con la intención de saltar a la fama ante los medios.
Quince minutos más tarde aparecieron Adrián Infante y su padre con aire despreocupado.
«Nos planteamos estar allí para hacer algo más, pero al final consideramos que el protagonismo debía corresponder únicamente a los abonados. Ellos son los que han batido el récord», subrayó posteriormente Jorge Santiago. «Tenemos que darles las gracias, esperamos corresponderles con una buena temporada y tener la oportunidad de devolverles las expectativas creadas».
El nuevo récord amplía la comunión del club con la ciudad. «Estamos comparándolo con un año en el que el Real Valladolid logró uno de sus éxitos deportivos: clasificarse para la UEFA. La temporada pasada nos salvamos en la última jornada de Liga. Aunque la campaña de abonados haya sido buena, deportivamente no hemos logrado nada todavía, pero creo que la gente valora y acepta la propuesta del club», indica Santiago.
«Nuestros abonados se han dado cuenta de que el club es de todos: aunque seamos una sociedad anónima, sin masa social nos quedamos en nada. La gente se da cuenta de que estar en Primera supone un logro muy importante: sólo 20 equipos tienen ese privilegio y nosotros somos uno de ellos. Los aficionados también recuerdan lo mal que se pasa en Segunda», añade. El récord, por tanto, no pertenece sólo a Adrián Infante. La hinchada en bloque, con sus más de 18.592 apoyos, ha dado ejemplo.