Es imposible aburrirse con Terry Gilliam. Al excesivo director y guionista, el único norteamericano del desaparecido grupo británico Monty Python, le divierte todo, hasta las malas críticas y también el haber perdido la confianza de los productores de Hollywood, cuyos ejecutivos sólo le prestaron atención cuando se emitió 'Lost in La Mancha', el documental sobre el desastroso rodaje que Gilliam y su equipo intentaron llevar a cabo sobre 'Don Quijote', proyecto que ha recuperado y rodará en la primavera del 2010.
«Como a Hollywood le gustan las víctimas, durante dos años goce de su simpatía», dice el cineasta, que, por cuarta vez, está en el Festival de San Sebastián, donde acaba de presentar en la sección Zabaltegi 'El imaginario del doctor Parnassus', el testamento cinematográfico del desaparecido actor australiano Heath Ledger, que falleció durante el rodaje.
La desaparición de Ledger, que ganó un Oscar póstumo como actor secundario por 'El caballero oscuro', le hizo recurrir a sus amigos Johnny Deep, Colin Farrell y Jude Law, que colaboraron desinteresadamente en el filme en favor de la hija de Ledger.
Mejor con la muerte
Gilliam reconoce que estuvo a punto de abandonar el proyecto, pero el equipo le convenció y decidió continuar. «Fue un acto de fe. Suena horrible, pero esta tragedia mejoró la película. Si Heath no hubiese muerto, no sé cómo habría acabado y en qué hubiese quedado la historia», añade.
Con una camisa menos estridente de lo que es habitual en él y sin ningún reparo en descalzarse ante los periodistas, el cineasta, de 69 años, siempre ha hecho gala de una total libertad a la hora de contar historias, aunque confiesa que prefiere tener una libertad «limitada» para no dispersarse. «Quiero hacer tantas cosas... Tener cotos es la única forma de centrarme y solucionar problemas», declara el autor de 'El rey pescador', '12 monos' y 'Tideland', cinta con la que concursó en Zinemaldia y con la que tuvo sus más y sus menos con los críticos, a los que llamó estúpidos por no haber entendido su película.
A punto de conmemorar el 40 cumpleaños de la creación de Monty Python, aniversario que celebrará el próximo 15 de octubre en Nueva York con un acto en el que participarán todos los miembros de la extinta formación, Gilliam asegura que el espíritu del grupo «sigue y nuestro humor también. Además, somos más amigos que cuando trabajábamos juntos. Monty Python tuvo mucha influencia, teníamos total libertad y nunca sufrimos la presión de los productores. Hoy, el mundo del espectáculo es muy distinto, se ha invertido la pirámide y no son los creadores ni el talento la base, sino los burócratas y los ejecutivos», expresa el autor de 'Brazil' y 'Los hermanos Grimm'.
Los niños
Inasequible al desaliento, Gilliam ha estado en España buscando localizaciones porque ha recuperado el proyecto que lleva intentando poner en pie desde hace ocho años, 'The man who killed Don Quijote' ('El hombre que mató a Don Quijote'), para el que busca actores -Johnny Deep no estará por su apretada agenda-.
«Hace años ofrecí un papel a Javier Bardem y me dijo que no. Ahora necesito una Penélope Cruz joven. He vuelto a reescribir una cuarta parte del guión y estos cambios han dado un giro total a la historia», desvela. Convencido de que sus películas hay que verlas varias veces y que «como los buenos vinos», mejoran con el tiempo, cree que sus cuentos «gustan mucho a los niños porque tienen la menta abierta y no tienen tantos prejuicios como los adultos. Y eso que mis filmes no son escapistas, están muy pegadas a la realidad porque siempre hago comentarios sociales y políticos», indica este director, en cuyos repartos siempre hay una estrella «porque es más fácil encontrar financiación, pero, sobre todo, porque creo que es el mejor para el papel.
En 'El imaginario...' -se estrenará en España el 23 de octubre- mi primera opción no fue Heath Ledger, sino Tom Waits. Cuando le contraté, pensé que el dinero llamaría a mi puerta, pero como Hollywood es tan misterioso, no fue así. No me dieron un duro», señala para despedirse. El doctor Parnassus es el actor Christopher Plummer, una especie de mago que tiene el poder de guiar la imaginación de la gente, pero su vida está marcada por una maldición.