'City of life and death', la película estrella en la competición del Festival de San Sebastián en la jornada de ayer, es un brillante fresco histórico chino ambientado en la ciudad de Nanjing, en plena guerra chino-japonesa, cuando el ejército nipón toma a sangre y fuego la que era capital provisional de China, provocando un enorme genocidio. El filme ha sido muy aplaudido en el festival y nos descubre un aspecto del cine chino no desarrollado hasta ahora, la reconstrucción histórica de hechos relativamente recientes, realizada sin escatimar medios.
Dirigida por Lu Chuan, que estuvo preparando la película, la tercera de su trayectoria, basada en hechos y personajes reales, durante tres años. Rodada en blanco y negro y en formato panorámico se trata de un filme espectacular en la forma y reflexiva en el fondo. La película, que se desarrolla durante la toma de la ciudad por los japoneses en diciembre de 1937 y en los días posteriores, muestra el punto de vista de los dos bandos, chinos y japoneses, aunque sin escatimar detalles de la cruel ocupación. La película es un retrato impresionista de las condiciones de vida, de los civiles supervivientes y del ejército ocupante en una ciudad devastada, que, junto a 'El secreto de sus ojos', deberá figurar en el palmarés.
Voluntarias para morir
Lu Chuan muestra el horror de la guerra buscando las razones de ambas partes. La gran habilidad del director está en saber combinar la acción con el intimismo sin que chirríen los engranajes que unen ambos planos de la realidad. Espectacularidad de las acciones bélicas, en las que se lucha calle por calle, junto al intimismo de unos personajes enfrentados: los vencidos, que sólo buscan salvar la vida unos minutos más, y los vencedores, que alternan la brutalidad con algún gesto magnánimo. El final es muy emotivo.
Entre las bellas escenas del filme, destacan las de las mujeres hacinadas en la zona de confinamiento, que se ofrecen voluntarias para consolar sexualmente a los soldados ocupantes, sabiendo que su sacrificio, que las llevará a una muerte casi segura, podrá servir para que el resto de mujeres y niños puedan sobrevivir. Chuan no se detiene en los rostros de las 'voluntarias', sino en las manos.
No se puede decir lo mismo de 'Making plans for Lena', la otra película en competición ayer. Dirigida por el francés Christophe Honoré ('La belle personne'), cuenta con Chiara Mastroianni, Marina Foïs, Marie-Christine Barrault y Jean-Marc Barr el frente de un reparto muy coral. Es una película que se pierde entre los resquicios de unas relacionas familiares que acaban aburriendo.
El filme sigue a una mujer separada y a sus dos hijos, que dejan París para pasar unos días en la casa de campo de sus padres de la Bretaña con el resto de la familia, unos seres que acogen en el lugar a todo tipo de animales perdidos. La joven intentará empezar a construir una nueva vida pero no siempre la extravagante familia se lo va a permitir. Para Chiara Mastroianni supone un nuevo esfuerzo por hacer olvidar quiénes son sus progenitores, pero malogra un personaje que bascula entre el amor de madre y los vínculos con el resto de la familia. A ver si en la próxima tiene más suerte.
En Zabaltegi, sección no competitiva, se ha presentado 'La cinta blanca', la película de Haneke que ganó la Palma de Cannes. Rodada en blanco y negro, la acción se sitúa en los meses previos a la Primera Guerra Mundial, en un pueblo protestante del norte de Alemania. Haneke muestra como ya se adivinan los totalitarismos y los mecanismos que provocarán dos décadas después, el surgimiento de una ideología fascista, que sufrirá el viejo continente.