Hasta que los hermanos Lumière lograron la magia de las imágenes en movimiento, cientos de inventores intentaron alcanzar el mismo objetivo mediante diversos aparatos. El catalán Josep María Queraltó ha ido consiguiendo a lo largo de los años hacerse con una colección de unas 15.000 piezas relacionadas con los inicios del cine. Linternas mágicas, un zoótropo, sombras europeas y hasta un cinematógrafo de los propios Lumière forman parte de la exposición 'Ilusión y Movimiento. Los orígenes del cinematógrafo', organizada por la Obra Social de Caixa Catalunya, que puede visitarse en el Museo de la Ciencia de Valladolid hasta el 2 de noviembre.
La muestra, que ha contado con el asesoramiento de Luis Alonso, profesor titular de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, permite al visitante hacer un recorrido por los inicios del cine hasta llegar al cinematógrafo de los Lumière, con el que los hermanos grabaron la primera proyección de la historia en 1896. Pero antes, distintos inventores crearon juguetes ópticos con los que intentaron conseguir la ilusión del movimiento. Un ejemplo: el zoótropo consta de un tambor giratorio con unas ranuras por las que se ven unos dibujos que adquieren movimiento al girar el aparato.
Además de las distintas proyecciones de la exposición, uno de los atractivos más importantes es una pantalla con tecnología actual que permite ver imágenes antiguas en tres dimensiones sin necesidad de utilizar gafas estereoscópicas.
Seminci
La muestra del Museo de la Ciencia estará directamente vinculada con la Seminci a través de la exposición de dos cámaras de 1896 y 1922, que podrán verse en el Teatro Calderón durante los días de las proyecciones del festival. Además, Javier Angulo, director de la Seminci, ha afirmado que recomendará a los invitados que acudan a ver la exposición. Y no sólo eso, todo aquel que compre una entrada para el festival de cine, tendrá una tarifa especial de cuatro euros para ver todo el museo.
«Si se ha dicho que el cine es la fábrica de los sueños, en esta exposición se verá cómo antes del cine la gente intentaba crear esos sueños. No había películas, las personas se las montaban ellas mismas», comenta Javier Angulo. Añade que «desearía que gran parte de esta colección no se fuera nunca para que Valladolid, junto con la Seminci, sea considerada ciudad del cine». Por el momento, los visitantes pueden disfrutar de estas piezas únicas hasta el 2 de noviembre.