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47.315 lectores diarios RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Segovia

SEGOVIA

Riofrío de Riaza fue famosa hace unas décadas por la fabricación de productos elaborados por tornos
12.09.09 -

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Riofrío de Riaza es el pueblo que se localiza a mayor altitud de toda la provincia, a más de 1.300 metros de altitud. Para llegar hasta su casco urbano es necesario bordear el río Riaza, que recorre en sentido longitudinal todo su término. Sin duda, una de las principales joyas de este término municipal es el Hayedo de La Pedrosa, que está considerado como uno de los más meridionales de España y de su área de distribución natural. A este paraje natural se llega por carretera, la que sube al puerto de la Quesera. Una zona que merece la pena visitar, sobre todo en otoño, cuando el cambio de la hoja de las hayas convierte el paisaje en un lugar embriagador. Y es que la riqueza natural que posee el pueblo es incalculable. Precisamente gracias a la madera que salió de sus bosques, los vecinos del pueblo tuvieron una actividad económica que les hizo famosos en toda la comarca: la fabricación de maderas torneadas. El torno fue introducido en la localidad por Pierre Delon Laval, hijo de un notario de Brive le Galard, quien huyó de la Revolución Francesa para instalarse en este pequeño pueblo. La mayor actividad de los tornos se registró desde principios del siglo pasado hasta la década de los cincuenta. Y es que en este pequeño pueblo existían unos cuarenta tornos, casi uno por vecino.
Tornos
Estaban situados en el portal de las casas o en las cuadras, para aprovechar el calor. Su madera era de roble al estar al alcance de los vecinos gracias a las cortas de madera que realizaba el Ayuntamiento. De estos tornos podían salir todo tipo de piezas, pero sobre todo, astiles de picos, azadones, martillos, husos o la silla torneada, especialmente la catalana. También realizaban balaustradas, chitos o palos para danzar. Los últimos torneros de Riofrío de Riaza fueron Emeterio y Julián, éste último, padre del actual alcalde. «Era un trabajo muy minucioso, había que tener destreza porque no había nada automatizado», asegura el regidor, Luis García.
Era un trabajo sobre todo de invierno, cuando las inclemencias meteorológicas impedían estar mucho tiempo en la calle. Este trabajo tenía varias fases, que comenzaban en el propio monte. Allí se clasificaban los palos para hacer los astiles, que luego se dejaban secar. «Antes de ponerlos en el torno se labraban para que no costase tanto», recuerda García. Hoy en día nadie se dedica a este oficio, quien sabe si algún día alguien retome este trabajo artesanal.
Lo que sí se perdió hace años fue el oficio de carbonero. Y es que en Riofrío de Riaza se hacía un carbón especial, el de brezo. Se arranca de cuajo, alcanzando la raíz, para a continuación meterlo dentro de un pozo cilíndrico en el suelo. Ahí se metían troncos, se prendía y se les tapaba. Este tipo de carbón era demandado por todas las fraguas de la provincia, así como por las herrerías. Llegó incluso a convertirse en imprescindible para la fabricación artesanal de cencerros.
Y volviendo al presente, los responsables de Riofrío de Riaza han mejorado el Ayuntamiento gracias a los 15.000 procedentes del plan de obras urgentes de la Diputación y del Plan E. Se ha reformado el techo, se ha pintado, se ha mejorado el alumbrado del salón, de la secretaria y del archivo y se han instalado nuevos muebles. Próximo pueblo: Santo Tomé del Puerto.
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