Mayte Martínez estará en la final del miércoles. Ni sus problemas de rodilla, ni la falta de preparación en las jornadas previas al inicio del Mundial y tampoco el nivel de las rivales han sido óbice para que la atleta vallisoletana dispute la finalísima de los 800 metros.
La casta, una de las princiapales cualidades de la mediofondista y una última recta espectacular, llevaron en volandas a la de Santovenia hacia su cuarta final de un Mundial, tercera consecutiva tras las de Helsinki y Osaka.
Con un tiempo de 1.59:72, Mayte terminó tercera la primera serie de semifinales. Al término de la misma, la vallisoletana no veía nada claro su pase a la final. Faltaban dos series por disputarse. El nivel en ambas era tremendo y sólo cabía encender unas velas, coger el santoral y esperar el milagro. Y este llegó.
En la segunda carrera, Jepkosgei consiguió parar el crono por delante de la vallisoletana. Los peores presagios se iban cumpliendo, pero aún restaba la última serie. Tocaba rezar para que fuese más lenta. Moneda al aire. Hubo suerte.
Todo salió a pedir de boca y Mayte luchará por las medallas. Están lejos, pero si corre como ayer y vuelve a mostrar esa casta, seguro que peleará por una nueva presea que añadir a su palmarés.
La vallisoletana tenía una semifinal muy complicada, y no solo porque únicamente pasaban las dos primeras, sino porque junto a ella partían cinco atletas con marcas inferiores a los dos minutos, una barrera que ella este año no había logrado rebajar.
Mayte comenzó la carrera dejando hacer. El ritmo era rápido y la de Santovenia guardaba fuerzas atrás de cara a la recta final. Partió por el carril interior y se puso a cola del grupo al entrar en calle libre. Se pasó el 400 a buen ritmo (58.01) y en la recta de enfrente fue adelantando posiciones. De la última curva salió quinta y batió a dos rivales en los últimos 100 para acabar tercera y conseguir su mejor marca personal de la temporada. Aún así, no las tenía todas consigo de cara a conseguir meterse por tiempos. De ahí su explosión de alegría al conocer el feliz desenlace.
«Ha sido alucinante. Cuando vi el tiempo que habíamos hecho en mi serie creía que era posible clasificar, pero luego cuando la segunda semi fue tan rápida empecé a sufrir y me tocó esperar a la última», dijo Mayte . «Cuando vi el tiempo que hicieron en los primeros cuatrocientos metros me di cuenta que la clasificación estaba cerca», agregó.
Para la final, Mayte Martínez dijo que esperaba una carrera más rápida para que fuera también más limpia, aunque bromeó diciendo que ojalá no fuera tan veloz como en Osaka -donde ganó la medalla de bronce- porque no quería correr tan descolgada como entonces.«En todo caso, el ritmo de la carrera no depende de mi porque yo no tiro del grupo», afirmó.
Con respecto a la posibilidad de pelear por las medallas, dijo que «ahora había que soñar» y subrayó que iba a luchar por ellas. Mayte advirtió que nada está escrito de antemano en una final y señaló que ya en la semifinal había habido algunas sorpresas. En este sentido, la vallisoletana se declaró especialmente sorprendida por la eliminación de la keniana Pamela Jelimo y de la marroquí Hasna Benhassi. «Ahora son dos menos para luchar por las medallas», explicó Mayte .
Después de haber pasado más de quince meses en el dique seco, la final de Berlín, una utopía hace apenas unas semanas se ha convertido en realidad. El sueño de estar con las mejores ya se ha cumplido. Ahora toca disfrutar.