La Sociedad General de Autores de España (SGAE) ha vuelto a las andadas. Su inagotable voracidad recaudadora ha alcanzado la notoriedad de lo grotesco después de introducir a sus espías en celebraciones de bodas o fiestas solidarias con niños desgraciados y tratar de sacarles los cuartos con la inextingible excusa de la defensa de los derechos de los artistas patrios. Posteriores rectificaciones, no muy hábiles y bastante tacañas, no han servido precisamente para lavar una imagen de usurera que amenaza con adherirse como una lapa a su logo institucional.
Su ojo de Gran Hermano llega a todos los rincones del territorio nacional y en esta ocasión le ha tocado el pato a la pequeña localidad pacense de Zalamea de la Serena, cuyos vecinos tienen desde hace años la sana y cultural costumbre de representar por las calles 'El alcalde de Zalamea', la inmortal obra que Calderón de la Barca ambientó en su pueblo.
La SGAE reclama al municipio 24.000 euros pero explica que la factura por la representación se limita a la nimia cantidad de 95 euros y el resto, a la deuda acumulada por no abonar cantidad alguna a la recaudadora desde el año 1998.
El alcalde de Zalamea, así sin mayúsculas ni comillas, es decir, el regidor municipal, tiene un cabreo de mil pares de narices y asegura que pasarle la minuta al pueblo por tan arraigada actividad cultural es «como si intentan cobrarle a uno por contar la vida de su abuelo».
Javier Paredes, que así se llama el munícipe presentado en la lista del PSOE, se ha mostrado radicalmente en contra de lo que considera «un impuesto casi revolucionario» que, a su juicio, se establece «como les da la gana» a los señores de la SGAE.
Pero las iras que la Sociedad de Autores va levantando por donde quiera que extienda su mano alcabalera obran milagros difíciles de explicar. En este caso ha provocado la primera conjunción de criterio este año entre el partido del Gobierno y el de la oposición -repetidos en este municipio- y el PP extremeño ha coincidido -es de suponer que sin consultar a Génova- que los gestores de la SGAE son unos «buitres de la cultura progre» que cobran «el impuesto revolucionario musical».
Teniendo en cuenta que la obra de Calderón, uno de los títulos clave del Siglo de Oro, relata el levantamiento contra la justicia del alcalde de Zalamea, que acaba juzgando y ejecutando al aristócrata capitán que ultrajó a su hija, acto finalmente aprobado y premiado por el rey, ya pueden los de la SGAE moderar sus impulsos.
De momento, Paredes propone «crear un frente común» contra ellos y asegura que «mientras pueda, les voy a dar de lado». El PP se une a la fiesta y anima al regidor a rebelarse «contra estos recaudadores piratas». Esto empieza a ponerse interesante.