El costumbrismo ardiente del verano en El Rastro de Madrid se parece al del cualquier zoco marroquí, eso sí, cambiando en su estética las chilabas y los kaftanes por la posmodernidad castiza y cañí. Pero no hay corderos ni burros de carga como en Fez o Marrakech, aunque se mantienen los trileros y los charlatanes con micrófono y altavoz. Mientras los primeros operan silenciosos con dados, monedas y cartas por las bocacalles de Fray Ceferino o San Cayetano, los segundos cantan y desafinan por la Ribera de Curtidores, unas veces vendiendo el menaje de dudoso latón, y otras una loza quebradiza con colores de pesar.
A los turistas orientales, blancos y de ojos rasgados, les gusta bajar desde Cascorro con sombrilla multicolor, buscando en los puestos el souvenir taurino o la espada de Toledo. Y los más osados, seguramente japoneses o coreanos, hasta experimentan y se alivian del calor con una cerveza y un poco de cecina en 'El Capricho Extremeño', castizo lugar tan lejano de Osaka y Seúl como Lavapiés de Manhattan. A media Ribera, a la altura de la Plaza del General Vara de Rey, suena el chotis que surge erecto del organillo manipulado por un chulapo de quita y pon. De izquierda a derecha, en las aceras y en el centro, conviven los efectos militares y la ropa underground, las estilográficas y los vinilos, los carteles y las pipas de kiff y las banderas rastas y las palestinas made in Singapur.
Los anticuarios de postín en las galerías Piquer, los bouquinistas patrios en la calle del Carnero y los cromos en la de Rodas. Suenan el Fary y los Chunguitos, se venden las películas del Torete y un tipo con pinta andina toca con su quena 'El cóndor pasa' en la calle Miralrío. Y ya se llega al final, en la plaza de abajo, donde los tratantes de lo afanado cambian o venden los móviles liberados o por liberar, antes de tomarse unos caracoles con salsa de pimientos choriceros en la barra de un bar de la calle Toledo, bajo la advocación fotográfica de El Viti en pleno pase natural. ¡Ah, que razón tenía Hans Magnus Enzensberger, cuando decía que El Rastro era la última frontera entre Europa y África!
Plaza de Cascorro y Ribera de Curtidores, Madrid