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Valladolid

ALGO QUE DECIR

08.08.09 -

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H ace unos años, en los pueblos había moscas y faltaba agua, inconvenientes que los forasteros combatíamos a duras penas, aunque el primero mucho mejor que el segundo porque uno se arreglaba con 'Raid' y el otro no tenía remedio porque no era cuestión de fregar los cacharros con Fontbella. Recuerdo vivamente el verano que pasé en uno que estaba a tiro de piedra de Rioseco, donde la aventura más peregrina del día era esperar con un barreño la llegada del camión cisterna de agua potable que mandaba cada mañana la Diputación y que iba de un pueblo a otro triunfando más que la furgoneta del panadero. Afortunadamente ya es historia aquello que los expertos llamaban el 'mapa de la sequía' y que no era otra cosa que la relación de pueblos cuyos habitantes estaban condenados a esperar con la garrafa o a lavarse los pies con gaseosa. Un servidor, sin ir más lejos, acabó volviéndose a casa con el rabo entre las piernas y sin habérselo podido fregar como Dios manda en tres semanas. Felizmente resuelto aquel pequeño inconveniente de no tener agua, el siguiente objetivo es que eso que los cursis denominan líquido elemento sea de calidad. Vamos, que sea bebestible y, si no es mucha molestia, no esté contaminado por arsénico, bastante más dañino que las moscas.
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