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02.08.09 -

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No es siquiera una ciudad en términos administrativos, pero se trata de la cabeza de Nigeria. Lagos es el estado más pequeño de la república y también la conurbación más poblada de toda África, un lugar en el que convergen sus numerosas etnias negras. Como Hong Kong, el área metropolitana se extiende por la costa noroccidental del país abarcando tierra firme y varias islas adyacentes. Según fuentes de la Administración regional, cuenta con 14 millones de habitantes, casi el 40% de la población urbana total. Su desaforado crecimiento, en torno a unos 600.000 nuevos habitantes anuales, la convertirá en la tercera concentración humana tras Bombay y Tokio en tan sólo un lustro.
Su eclosión es relativamente reciente, ya que alcanzó su primer millón de residentes en 1970, pero ya en la siguiente década el Gobierno federal decidió trasladar la capitalidad lejos de aquel centro manufacturero, comercial y administrativo. Aunque no ha detenido esta fulgurante macrocefalia, el traslado de la sede política a Abuya, en la sabana central, ha cambiado los ejes del poder. Su emplazamiento, cerca de la confluencia de los grandes ríos Niger y Benue, se ha convertido en todo un símbolo de esa compleja unidad entre el norte, musulmán, y el sur, cristiano y animista.
Aunque el proceso fue aprobado en 1976, el traslado se materializó oficialmente quince años después, como otro de los pasos hacia la concordia de la IV República. Al igual que la marfileña Yamusukro o la tanzana Dodoma, se trata de una ciudad de nueva planta, diseñada en los estudios de grandes arquitectos y urbanistas. Las tres fueron erigidas en zonas interiores con la intención de ejercer un contrapeso a megaurbes costeras aquejadas de graves problemas de polución, caos, delincuencia y pobreza. En el caso de Abuya, las grandes directrices se deben al japonés Kenzo Tange, ya fallecido.
Rascacielos de diseño
Si se cumplen las previsiones, a partir del próximo año su 'skyline' refulgirá con los haces de luces proyectados por el Millenium Tower, un rascacielos de innovador diseño. El edificio pretende ser el emblema de los nuevos tiempos, los que, según los más optimistas, conducirán a Nigeria al selecto grupo de potencias emergentes. Para los más pesimistas, tan sólo evidenciará la irracionalidad del gasto público, una de las lacras nacionales, y, posiblemente, la desviación de fondos.
El desarrollo de Abuja ha sido rápido, favorecido por la concentración administrativa y su conversión en sede de importantes organizaciones regionales como la Cedado o la unión de exportadores de petróleo de África. En el 2003, la ciudad fue sede de la Declaración de Aso, un manifiesto a favor del progreso sobre la base de la democracia y el respeto a los derechos humanos firmado por todos los miembros de la Commonwealth. El mismo año, el Gobierno estatal arrasó los asentamientos ilegales que proliferaban en torno a la capital y que amenazaban con rodearlo de un molesto cinturón de miseria.
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