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47.315 lectores diarios RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

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CASTILLA Y LEÓN

La firma salmantina de filigranistas Luis Méndez Artesanos se alza con el Premio a la Trayectoria en la octava edición de los galardones regionales de Artesanía
02.08.09 -

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Raúl, Jerónimo y Luis son la tercera generación de una saga familiar de filigranistas, afincada en la localidad salmantina de Tamames desde el año 1928. «El año pasado nuestro taller cumplió 80 años de historia, desde que nuestro abuelo José María Mendes -terminado en 's', aunque posteriormente se españolizó con la 'z'- se instalara en Tamames. Nuestro padre Luis Méndez aprendió el oficio de filigranista con él y abrió su propio taller en el año 1968. En este taller aprendimos a trabajar mi hermano Raúl y yo con nuestro padre como maestro», recuerda Luis Méndez (Salamanca, 1969). De los cinco hijos que tuvo Luis padre, tres de ellos han seguido sus pasos y mantienen el pequeño taller artesano de Tamames, al que la Junta de Castilla y León acaba de premiar su trayectoria en la VIII edición de los Premios regionales de Artesanía. ¿El futuro? «Ninguno tenemos hijos», responden a coro, mientras se miran entre ellos.
Soplete de boca
Los hermanos Méndez López forman parte del reducido grupo de artesanos salmantinos que aún trabajan la filigrana de oro de forma tradicional. Se pueden contar con los dedos de una mano los talleres artesanos de botones charros en la provincia. En el suyo, sólo trabajan los tres. Raúl (Salamanca, 1971) es el maestro. «Somos una pequeña cadena pero él es quien supervisa todo el trabajo y realiza las piezas de mayor dificultad», explica Luis, el mayor de los hermanos, mientras el primero remata una pieza con el soplete de boca. «Ya no se utiliza este tipo de soplete pero nosotros es con el que aprendimos y nos hemos acostumbrado. También lo hacemos un poco por romanticismo», apostilla Luis.
Jerónimo (Salamanca, 1975) fue el último en incorporarse a la empresa familiar, tras terminar sus estudios de Historia del Arte en el 2006, año en el que decidieron abrir en Salamanca capital una pequeña galería de arte, en la que exponen su trabajo y el de otros joyeros artesanos de toda la geografía española. «Somos el último eslabón de la cadena. Tenemos que defender el trabajo manual del artesano», indica Luis, encargado de este espacio y relaciones públicas de la firma. «Aquí también tenemos un pequeño taller donde yo hago mis cositas, siempre que puedo. Cuando necesito hacer algo más importante, me voy a Tamames», cuenta Luis. El taller de Tamames, situado en la plaza del Botón Charro -homenaje que el Ayuntamiento de la localidad salmantina hizo a esta familia de filigranistas- tiene sólo cuatro mesas. «La de mi padre, que es en la que trabaja Raúl, como maestro del taller; en la que aprendió Raúl; y dos nuevas. La mía se la he dejado a un chico de Senegal que también hace filigranas en Salamanca», cuenta el mayor de los Méndez López, quien recuerda cómo la suya y la de su hermano Raúl las hizo «el señor Modesto, el carpintero del pueblo. También conservamos las primeras pinzas que nos hizo el herrero».
Sin secretos
El premio a la trayectoria artesana que les acaba de conceder la Junta les ha hecho verdadera ilusión. «Es el galardón mas importante que puede recibir un artesano en Castilla y León. Reconoce la trayectoria vital de los artesanos y premia el esfuerzo de toda una trayectoria artesanal avalada por un demostrado prestigio con repercusión internacional», argumenta Luis, mientras muestra orgulloso los cuadernos de plantillas que les dejó su padre. «También hemos cedido al Museo del Comercio de Salamanca algunos cuadernos y herramientas antiguas de mi abuelo», añade.
No tienen miedo a las copias. No hay secretos. «Lo importante es tener un buen maestro y nosotros hemos tenido al mejor, nuestro padre. Él nos decía siempre: 'Primero, hay que aprender a hacer las cosas bien; y luego, rápido'. Y eso es lo que hacemos nosotros», relata Luis. «Para que las piezas tengan calidad hay que realizarlas completamente a mano, que destaque el trabajo de la filigrana, sino no merece la pena el esfuerzo», explica.
Este galardón regional se suma a una larga lista de reconocimientos, en la que destaca el diploma como finalista de los Premios Nacionales de Artesanía 2007, que otorga el Ministerio de Industria. «Fuimos seleccionados como uno de los cinco mejores talleres de España», recuerda Luis, mientras muestra el diploma, que han enmarcado y colgado en el despacho de la galería de Salamanca. «Estamos muy satisfechos y agradecemos al jurado que hayan valorado una labor familiar basada en el amor al trabajo; ése es el único misterio que consigue conservar la dedicación; esa inquietud por mejorar y cuidar los detalles durante tres generaciones», relata Luis.
«Nos distinguimos por los acabados y por el cuidado en todos los procesos», explica Raúl, en una de sus pocas intervenciones durante la entrevista. Luis, como encargado también de las relaciones públicas de la firma, lleva la voz cantante y cuenta, sin ínfulas pero con satisfacción, cómo a veces llegan piezas al taller para reparar y reconocen que salieron de las manos de su padre. «La forma de hacer el relleno de las piezas es algo especial. Sabemos diferenciar quién de nosotros ha hecho cada pieza. Es un trabajo muy personal», confiesa Luis quien, sin éxito, ha intentado también embaucar a su hermana Julia en la empresa familiar. «Dibuja estupendamente pero no quiere saber nada de nosotros», bromea. Todavía queda uno; son cinco, pero éste tampoco ha querido dedicarse a las filigranas. «Trabaja como profesor en un pueblo de Cáceres», señala Luis.
Responsabilidades
«¿Qué como se trabaja entre hermanos? En familia», bromea Jerónimo, el más pequeño de los tres. «Lo llevamos bien. Cada uno tiene una función. Raúl es el maestro del taller, quien lleva el peso de la creación y la realización de las piezas. Tiene una habilidad extraordinaria y domina las técnicas de filigrana, grabado y engaste», ensalza Luis. «Jerónimo participa en los diferentes procesos de fabricación, grabado y creación; y yo me dedico más a la gestión, aunque también diseño y fabrico. Aunque tenemos los puesto bien definidos, muchas veces intercambiamos las responsabilidades y trabajamos siempre en equipo», presume Luis.
«Raúl y yo empezamos a trabajar a los 14 años en el taller de mi padre. ¡Llevo 25 años trabajando en esto!», se sorprende Luis a sí mismo cuando hace números. El premio a la trayectoria lo tienen más que merecido. Sólo hay que sentarse y observarles trabajar.
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