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47.315 lectores diarios RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Cultura

CULTURA

Miguel Ríos confirma en Gredos su salto de viejo rockero a chamán de la música española ante 11.000 personas

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«Cada día despierto en distinta habitación, donde doy con mis huesos cuando está naciendo el Sol...». No es España el lugar más fácil para que alguien, tras 50 años de trayectoria, elija cuándo se despide de los escenarios. No es, ni de lejos, el sitio más adecuado para que, si lo hace, pueda garantizarse la presencia en esa despedida de un gran número de amigos.
Sólo un gigante como Miguel Ríos podía permitirse decidir cómo, cuándo y con quién bajarse del autobús del rock español, al que se subió hace medio siglo y que en más de una ocasión le ha tocado conducir para que fuera a algún lado.
Como cuando en 1972 pone en marcha la primera gira en España de conciertos de rock, graba el primer LP en directo en España, o anticipa lo que luego fue llamado rock andaluz con 'Al Andalus' en 1977.
Tras cuatro ediciones, el escenario de la Finca Masegosillo, en Gredos, está empezando a ganarse el derecho a cambiar la más que mascada coletilla de marco incomparable por la no menos manida de cita de leyenda. Sting primero, Nacha Pop después -cómo se te echa de menos, Antonio, que emoción aquella tarde de ser testigo de una prueba de sonido tuya horas antes del concierto, por mucho que te jodiera que extraños asistieran a algo que tú siempre tuviste como un ritual íntimo-. Bob Dylan después y anoche, Miguel Ríos.
Respeto
Bueno, anoche Miguel Ríos y un buen montón de amigos que no querían perderse la oportunidad de manifestarle al maestro su más profundo respeto en el inicio de lo que él se empeña en definir como su gira de despedida.
Allí estaba su gente, sus amigos -alguno casi ni había nacido cuando el de Granada se inventó en 1982 'Rock&Ríos', la versión española de una macrogira llenando grandes auditorios-, como la joven Rebeca Jiménez, con la que cantó 'Reina de la noche', o los propios Pereza, que el acompañaron en 'El rock es un bumerán'.
Precisamente, el tema que arrancaba aquel doble directo de 'Rock&Rios' es el que marcó, tras 'Memorias de la carretera', el inicio del concierto de ayer, con Miguel, su banda -virtuosos de la talla de José Nortes a la guitarra, o Tony Brunett, a las guitarras y teclados- sobre las tablas.
Y, ¿abajo? pues también pleno de amigos para corear las canciones del hace ya mucho rey del twist Mike Rios. «A los hijos del rock 'n' roll, bienvenidos...», y a los nietos porque la verdad sobre la campa, entre las casi 11.000 personas que confirmaron que si Miguel Ríos lo deja es porque le da la gana, había muchos padres, bastantes hijos y no menos de un puñado de abuelos.
La explanada a los pies del circo glacial convertida en patio de butacas estaba a rebosar de gente que ha crecido al ritmo de las canciones de Miguel Ríos, le ha conocido por su 'El Río' (compuesta por Fernando Arbex en 1968), por su 'Blues del autobús' o por tantas y tantas canciones que han trascendido para dejar de ser los temas de su repertorio y convertirse en la bansda sonora de varias generaciones.
Ríos encadenaba los primeros cuatro temas uno tras otro sin descansar, como si quisiera emular un concierto de Los Ramones, como queriendo demostrar que no le echan los años de la carretera. Incluso se permitió en el arranque sde 'Antinuclear' un «Leer mis labios, no a Garoña», para, se supone, desconsuelo de la consejera de Medio Ambiente, María Jesús Ruiz, patrocinadora del evento y presente entre la audiencia.
El primer artista invitado que pisó el escenario junto al anfitrión fueel guitarrista Jorge Salán, ex de Mago de Oz, que le acompañó en 'Generación límite', luego vendrían, uno por uno en un primer bloque Joaquín Sabina en forma de holograma para cantar 'Aves de paso', Mikel Erentxun para hacer 'El Río' en un tramo acústico que culminó con una inmarcesible Ana Belén en las tablas para una 'Camisa blanca de mi esperanza' con más intención que resultado. Álvaro Urquijo patinó un par de veces con la letra del 'Blues del autobús', pero salió airoso.
Luego vendrían Quique González, Rebeca Jiménez, Iván Ferreiro, Pereza, Johnny Cifuentes, Rosendo y Goñi, pero no Carlos Tarque, enfermo de neumonía. Y si algo ha distinguido a Ríos a lo largo de su carrera es su olfato para que temas de otros le queden como ropa a medida.
Roque Narvaja, Moris y últimamente genios casi desconocidos, como su paisano Juan Ignacio Lapido, de quien toma prestado 'En el ángulo muerto'.
Y es que Miguel Ríos es sin duda, de la patria del rock 'n' roll patrio, el padre fundador. Vamos, el puto jefe.
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