«Ha sido todo un reto para la Escuela». De esta manera, Javier Peinado, director de la Escuela Superior de Restauración y Conservación de Bienes Culturales de Madrid, definió el trabajo realizado en la recuperación de una pieza de orfebrería de gran valor, el carro triunfante, que ayer fue devuelto a la Colegiata, junto con el sepulcro del caballero Alonso Fernández Palomino, que también ha sido restaurado en los talleres del centro madrileño. Pasaban pocos minutos de la una de la tarde cuando el director de la Escuela, acompañado de varios profesores y alumnos que han trabajado en la recuperación de ambas piezas, accedieron a la Colegiata, donde les esperaba José Navarro Talegón, presidente de la Fundación González Allende, entidad que ha promovido esta nueva intervención en el patrimonio toresano.
Durante casi dos horas se prolongaron los trabajos de desembalaje y colocación de las piezas restauradas que fueron transportadas desde Madrid por una empresa especializada para evitar posibles daños y desperfectos. Ante una gran expectación fue desembalado el carro triunfante, una pieza de orfebrería en cuya restauración se han empleado cinco años. Luis Priego, profesor de escultura del centro, ha sido el encargado de dirigir los trabajos de recuperación de esta custodia de plata, que fue promovida, a finales del siglo XVII, por dos mayordomos de la cofradía del Santísimo del Corpus Cristhi, Luis Alonso Álvarez y Pedro de Vitoria y Pacheco. El historiador toresano Navarro Talegón explicó que los promotores de esta pieza «en un alarde», encargaron a Marcos Ibáñez un platero vallisoletano, «unas andas para el santísimo que iban a pagar ellos, contando con que la Iglesia les iba a dar la plata». En 1681, el platero entrega la obra pero a sus promotores no les convence el resultado final porque «no se adapta al proyecto», por lo que optaron por contratar los servicios de un joven platero de Salamanca, Juan de Figueroa, al que «le especifican que las andas tenían que tener un peso de 700 onzas de plata sobre el alma de madera». La fabricación de esta pieza se demoró tres años por la escasez de plata en esa época, metal que fue aportado por la Iglesia pero, para poder concluirla, el canónigo Valentín Tejederas tuvo que donar 2.500 reales. Finalmente estas andas pudieron ser utilizadas por primera vez en 1684.
Sobre la intervención realizada en esta custodia, el profesor recordó que cuando fue trasladada a los talleres del centro «estaba en un estado lamentable, ya que todas las piezas estaban fuera de sitio, atadas con alambres y con cuerdas, se había perdido parte de la estructura de madera que estaba desencajada» y respecto a la plata que recubre toda la pieza «entre la limpieza de personas no adecuadas y la oxidación del metal, apenas se veía y había perdido tanto la estabilidad física como su carácter estético».
Ha sido necesario emplear cinco años en esta restauración para reponer las miles de piezas de plata que faltaban en la obra, un total de 5.180. Sólo en material se han invertido unos 18.000 euros. Esta intervención ha sido financiada por la Fundación González Allende de Toro y el centro madrileño, lo que ha reducido notablemente el coste de la restauración ya que, como subrayó Priego, «si la hubiera hecho alguien ajeno a una Escuela, la recuperación de esta custodia podría rondar entre los 30 o 40 millones de las antiguas pesetas».
El director de la Escuela madrileña destacó la solidez de las andas después de la restauración del armazón, al que se le han añadido numerosas piezas porque las originales «estaban tal mal que ha sido necesario reproducirlas». Reconoció Peinado que esta intervención «ha sido todo un reto para la Escuela porque esta obra roza un poco con nuestras especialidades pero, desde un principio, creímos que desde el punto de vista didáctico era interesante para la formación integral de un restaurador».
En un museo de Londres
Por este motivo, los alumnos que han participado en este proyecto han compaginado la restauración de esta pieza de orfebrería con intervenciones en otras esculturas para que, según Peinado, «conocieran otro tipo de materiales y problemáticas».
Una vez finalizada la restauración, la Fundación González Allende tiene previsto, como explicó Navarro Talegón, construir un basamento para que la custodia pueda ser transportada y pueda volver a recorrer las calles de la ciudad durante la procesión del Corpus Christi. La pieza se protegerá con una caja de cristal para «evitar que entre polvo y que pueda ser tocada por la gente».
Con la restauración del carro triunfante se completa el conjunto del que forma parte la custodia de plata, que durante años permaneció en el Victoria and Albert Museum de Londres, tras ser robada en 1890 de la Colegiata, custodia que en la actualidad se puede contemplar en la sacristía del templo toresano.
La restauración del sarcófago del caballero Alonso Fernández Palomino, obra de Miguel García, ha consistido en su conservación, según explicó el profesor Priego, quien dijo que fue necesario consolidar la piedra, que «estaba en mal estado» y en la limpieza de los repintes para recuperar la vistosa policromía original. De hecho, este especialista resaltó que la intervención ha sido «conservacionista ya que hemos pretendido respetar el original y no hemos rehecho mucho más que algunos agujeros que tenía el sepulcro». Esta intervención ha permitido recuperar la estatua yacente que empuña una espada, así como algunas escenas de una comitiva fúnebre, en el frente del sarcófago, y una escena de la Anunciación.
Una vez recolocado el sarcófago en el interior de la Colegiata, fue depositada en su interior la momia del caballero que fue encontrada tras abrir el sepulcro para su traslado a los talleres del centro madrileño. La momia de Alonso Fernández Palomino fue hallada en «muy buenas condiciones». El cuerpo se encontraba desnudo y a la cintura portaba una faltriquera que guardaba en su interior resguardos de la bula del difunto para librarse del purgatorio.
Alonso Fernández Palomino murió en el año 1402 sin descendencia y fue el fundador del Hospital de Palomino, que se construyó junto a la Colegiata, aunque también creó una cofradía dedicada a la Inmaculada Concepción.