Seis mujeres y tres hombres se enfrentan desde ayer al caso más complejo visto hasta la fecha en un juicio con jurado de los celebrados en la Audiencia Provincial. Los integrantes del tribunal popular tienen ante sí el reto de discernir si la cuidadora del bebé fallecido el 11 de agosto del 2007, dos días después de ingresar en el Clínico con diversos traumatismos, murió por los golpes que le asestó su cuidadora de forma voluntaria, como así creen el fiscal y el abogado de la madre, o si fueron involuntarios cuando intentaba reanimarla, como ella misma declaró ayer y defiende su letrado.
La acusada, María del Rosario R. D., de 40 años, accedió a la sala esposada -lleva un año y nueve meses en prisión- y tranquila e, incluso, risueña a la hora de afrontar el interrogatorio al que le sometió el fiscal. Aquel 9 de agosto en el domicilio familiar de la pequeña, en la calle La Salud (Pajarillos), sólo estaban la víctima, Ana Helena, de seis meses, y su niñera, la ahora encausada. «La niña siempre estaba bien y nunca le pasaba nada, ni siquiera ese día», comenzó, hasta que le dio de comer un puré que acababa de preparar.
Eran las 13.30 horas y la cuidadora afirma que notó cómo a la pequeña «le costaba respirar» cuando la tenía cogida para que «soltara el aire». Esta versión, la del «atragantamiento», es a la que se aferró ayer la acusada con uñas y dientes. María del Rosario recordó que se puso «muy nerviosa» y le dio «en la espalda para que echara el eructo sin ninguna mala intención ni para hacerle mal a ella».
Este primer episodio, siempre según su testimonio, ocurrió en el salón de la vivienda. De allí se llevó a la niña a la cocina y la puso sobre «la encimera con un toalla bajo la cabeza» para comenzar a realizarle «el boca a boca». Antes le había echado agua por la cara y le había metido «los dedos en la boca para que vomitara el puré -afirma que llegó a expulsarlo-».
Ataque frontal del fiscal
María del Rosario, sin embargo, llegó a negar hasta en siete ocasiones que golpeara a la niña en momento alguno. Ni siquiera de manera accidental durante las tareas de reanimación. Este hecho, sumado a los resultados del informe forense -la niña murió fruto de un traumatismo orbital (craneal)-, supone la principal prueba de cargo de las dos acusaciones.
«Siempre la he cuidado bien -en presente- porque soy madre y no soy una persona que le haga mal a nadie porque no soy capaz de hacerlo y mucho menos a un bebé», justificó inicialmente. La niñera repitió sin solución de continuidad: «No la golpeé, de verdad, lo digo de corazón. Cómo iba a golpear a un bebé para hacerle callar cuando era una niña muy buena que casi nunca se ponía a llorar».
El fiscal dejó hablar a la acusada con relativa libertad hasta este punto del interrogatorio para comenzar un ataque frontal sobre las lagunas de su propia versión:
-¿No es más cierto que la zarandeó y la golpeó porque no se comía el puré?
-No es cierto, de verdad, que no.
-¿Cómo explica entonces que un bebé que estaba bien al mediodía como usted dice aparezca a las dos de la tarde con esos hematomas?
-No lo sé, pero a un bebé le puedes callar de otra manera, no le vas a golpear.
-¿Por qué no llamó al 112 o a la madre cuando vio lo que ocurría?
-No sabía como reaccionar. No fue para tapar nada. Iba a coger el teléfono para llamar cuando me vio la vecina y vino su hija -accedió a la cocina a través del patio de luces al percatarse de la situación-.
La mujer nunca llegó a perder los papeles ni cambió su versión de los hechos, aunque sí se la notó un tanto acorralada, durante el 'asalto' de la acusación pública. Después se rehizo y relató cómo había cuidado a muchos más niños con anterioridad e, incluso, recordó a sus dos hijos, de 12 y 8 años en la actualidad. Ambos permanecen ahora bajo la custodia de su padre -separado de ella-.
El resto del interrogatorio, llevado a cabo por la acusación particular y su abogado defensor, fue breve e intranscendente y alargó la declaración hasta la media hora.
Protocolo hospitalario
Punto y final a la oportunidad de la cuidadora de defenderse con una versión, quizás demasiado edulcorada, ante los nueve miembros del jurado. Llegaba el turno de la pediatra que atendió a la niña en el Servicio de Urgencias del Clínico a las 15.00 horas de aquel 9 de agosto. Allí llegó «intubada» y al borde de la muerte fruto, según la versión inicial, de un atragantamiento. Pero la doctora observó diversos hematomas en «la cara y el cuello» de la pequeña y, en cuanto tuvo los resultados del TAC -mostró una fractura orbital y un hematoma subdural-, inició el protocolo oficial de posible maltrato.
La médico, cuyo testimonio se adelantó a ayer porque está a punto de dar a luz, explicó que a ella no le «parecieron lesiones compatibles con el atragantamiento» e insistió en que «eran lesiones traumáticas que no se producen de manera espontánea y que requieren de una cierta fuerza o de un impacto importante para hacerlas».
Los sanitarios no pudieron salvar luego la vida de Ana Helena.