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47.315 lectores diarios RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 12 febrero 2012

Valladolid

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Un vecino de Traspinedo pide la intervención del ministro Moratinos y del Defensor del Pueblo ante la negativa del Consulado de Bogotá a reconocer su matrimonio colombiano

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«¿Quién puede decir que mi amor no es verdadero ni real? Nadie y menos por un cuestionario». Angustiado por lo que le pasa desde hace más de dos años, el empresario Dimas García 'gasta' sus últimos recursos administrativos solicitando la intervención del ministro de Justicia, Miguel Ángel Moratinos, y del Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, para resolver un problema en el que se duda de su relación sentimental.
Desde que en abril de 2006 viajó por turismo a Bogotá, donde conoció a su actual esposa, María Yasmid Rodas, de 37 años, Dimas no ha cesado de tener que estar acreditando su amor de forma oficial y ante la diplomacia española. Las leyes y los sentimientos, a veces, llevan caminos opuestos.
El azar ha hecho que las autoridades peninsulares hayan puesto de forma aleatoria sus ojos en esta pareja con la intención de evitar que se produzcan un matrimonio de conveniencia, y el fraude de aquellos que por dinero buscan la nacionalización con todos los los derechos. «Ellos le llaman en Colombia matrimonio de complacencia. ¿Curioso no?», ironiza.
Aunque nacido en Palencia capital hace 53 años, pero residente en Traspinedo, Dimas explica que los primeros contactos con su actual mujer, con la que se desposó en una Notaría del otro lado del Atlántico, comenzaron vía Internet, para proseguir de forma más intensa con llamadas de teléfono diarias.
«Finalmente nos dimos cuenta que nos queríamos, que nos sentíamos bien el uno con el otro, y decidimos casarmos en octubre del 2007», explica.
Todo parecía ir como en un cuento de hadas, donde las mariposas revolotean en sus estómagos respectivos. Divorciados ambos, con dos hijos de sus anteriores parejas, el matrimonio mixto comenzó a tener problemas administrativos cuando Dimas quiso comunicar en el Registro Civil de Valladolid su enlace para que surtiera todos los efectos y poder traer a María Yasmid.
«Aquí me dijeron que debía ser el Consulado Español de Bogotá el que tenía que hacer este trámite del casamiento. Y cumplimos con todos los requisitos documentales», añade. Para ello, las autoridades españolas le pidieron no sólo la sentencia de su divorcio, sino también un certificado que acreditase que como padre estaba cumpliendo con el pago de pensiones alimenticias a sus hijos.
Las dificultades comenzaron sin embargo cuando se les pidió llevar a cabo sendas entrevistas para comprobar que no se trataba de un fraude. Por separado, ella en Colombia, y él ante el juez de Paz de Traspinedo y la secretaria municipal, respondieron a un cuestionario en el que se les preguntaba qué tipo de jabón utilizaban, las comidas preferidas, o cuáles eran los gustos respectivos. Son algunas de estas respuestas, las que sirven al Consulado para cuestionar esta unión, que impide inscribirla oficialmente pese a que el empresario haya presentado facturas de teléfono (con una media de 140 euros al mes), numerosas cartas por mail con su mujer o billetes de avión de sus viajes, el último en Navidad. «Ella no ha venido a España nunca, y yo no quiero que venga como turista, porque creo que tiene todos los derechos por ser mi esposa», sentencia.
Cerca de Medellín
María Yasmid reside en Copacabana, una localidad a unos 20 kilómetros de Medellín. Cuando conoció a Dimas, ella estaba de visita con unas amigas por Bogotá.
¿Y cómo se lleva el amor con la diferencia horaria? «Eso es una de las cosas que me está matando. Para estar en contacto, respeto las siete horas del cambio, por lo que cuando me pongo a hablar, en España son las tres de la madrugada», dice. Mientras que Dimas está en su casa con la 'webcam', su mujer, que está empleada en una oficina de cartografía que hace encargos para el Gobierno colombiano, acude a diario a un locutorio.
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