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47.315 lectores diarios RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 23 mayo 2012

Vida y Ocio

31.05.09 -

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Una pregunta fue el detonante para que a un matrimonio le surgiera la sospecha sobre las capacidades de su hija de 18 meses. «Papá, ¿por qué las hojas cambian de color?». Algo parecido ocurrió con Fernando, de dos años: «¿Mamá, dónde empieza y dónde acaba el Universo» o «¿Dónde van los que se mueren».
«¿Para qué sirven los senadores y los diputados?», le preguntaron en un test a un niño. «Para que no tengamos que preocuparnos de hacer la política», fue su contundente y ajustada respuesta.
Estos ejemplos, entre otros muchos, forman parte del anecdotario que la doctora en Psicología, Yolanda Benito, ha ido acumulando durante dos décadas de contacto con niños superdotados.
El rápido aprendizaje y las preguntas que no son habituales en otros niños de su edad constituyen un rasgo que pone en alerta sobre su precocidad.
«La forma, el ritmo y su capacidad de abastracción es lo que les distingue del resto», afirma la responsable del Centro Huerta del Rey
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