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47.315 lectores diarios RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 23 mayo 2012

Cultura

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El Festival de Teatro de Calle enfilaba ayer la recta final con propuestas interesantes y sin ese espectáculo redondo que ilumina una edición

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Hace calor. Por fin. Calor de verdad. Del que revaloriza la sombra de los árboles o de cualqueir saliente de la fachada. El público busca sombra y encuentra diversión. Encuentra esos espectáculos entre los malabares y el equilibrismo que por vistos que parezcan siempre dejan una puerta abierta a la sorpresa. Y esas otras propuestas más arriesgadas, más elaboradas, aunque partan del minimal más absoluto.
Es el caso de la alemana BK Compagnie y su espectáculo 'Evo'. Un solo artista en una performance sin palabras y un mínimo desarrollo gestual. Tiene gracia que justo el viernes Robert Wilson hablara en Valladolid de su concepción del estatismo en escena. Del manejo del tempo. La de BK parece una propuesta heredera de esa teoría. El cuerpo del actor en posición fetal sobre una porción de tierra se va desarrollando lentamente. Como un nacimiento. Como si surgiera de la tierra o rompiera una crisálida, pero a cámara lenta. Hay algo hipnótico en este espectáculo que consigue que el público se haga cómplice de esa lentitud. Acostumbrado a digerir imágenes superpuestas a gran velocidad es relajante observar que también hay quien está dispuesto a dejarse llevar por el lento avanzar de una pierna sobre el cuerpo o la apenas perceptible elevación de una cabeza. El artista hace gala de un dominio del cuerpo excelente. Muy interesante.
Multidisciplinar
También lo es el espectáculo que propone Roberto Martínez Losa. Un espectáculo 'multidisciplinar', por usar un término tan manido últimamente pero que le encaja a la perfección. Una música dura, repetitiva, de resonancia 'heavy' pone fondo a las dudas del artista en su estudio (delimitado por el cartón que se extiende sobre el suelo y la pared del fondo, que es el lienzo), a sus momentos de exaltación o de quiebra. La escritura sobre el lienzo está en sintonía con la escritura de su cuerpo en el aire. De los primeros dibujos se pasa a una propuesta más dura: las manos son pinceles ansiosos y el cuerpo se transforma asismimo en lienzo. El autorretrato que va apareciendo en la pared del fondo es doble. El modelo se va pareciendo cada vez más al pintor y el pintor cada vez más al modelo hasta la fusión total.
En el punto de encuentro que el festival ubica en la terraza del Patio Herreriano actuó ayer Kukai Dantza. Cinco bailarines y dos percusionistas ponen en pie 'Soka', un espectáculo que fusiona la danza tradicional vasca con la danza más contemporánea, partiendo de la tradición de la sokadantza, baile que tenía por elemento de unión entre los danzantes una soga. Los cinco bailarines, muy jóvenes, aplican energía y una correcta ejecución de los pasos. La música es un elemento esencial y cuidado al milímetro, una parte muy importante de esta propuesta que fue muy aplaudida por el público.
Mientras tanto, La Furtiva proponía con sus atractivas burbujas transparentes que cada edad tiene sus esferas y Los Caneca hacían las delicias de ese público dispuesto a dejarse encantar con los malabares. Compagnie Ecart hacía la guerra por su cuenta paseando de aquí para allá en esos pequeños guiños a la raíz de toda propuesta en la calle. A falta quizá de ese espectáculo redondo que marca una edición.
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