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47.315 lectores diarios RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 23 mayo 2012

Cultura

tac valladolid

El TAC supera su ecuador con propuestas de 14 países, incluida alguna que traspasó los límites de intervención urbana y casi deriva en conflicto policial

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Mostrar artes escénicas en la calle debería suponer siempre algo más que un escenario fuera de un teatro. El continente siempre es susceptible de integrarse en el contenido. Por la calle del TAC siguen pasando personajes como el Cobrador del Gag, que se mimetiza con ese ejecutivo de la calle Santiago o aquella señora que sale de la peluquería. El actor debe estar preparado para hacer frente a cierta fama de ariscos de los vallisoletanos. Una leyenda urbana que no suele ser muy justa.
Para lo que no está preparado un actor, por muy callejero que sea, es para que le detengan. Y ayer, el festival estuvo en un tris de crear una 'performance' con aires policiales y revuelta urbana. El clímax de esta obra improvisada superó a los propios artistas que huyeron despavoridos cuando el 'poli' se salió del guión y se tomó el trabajo en serio.
En el género de Teatro Gestual de Chile, una pareja de 'clowns urbanos' dice que lo suyo es 'intervención urbana'. ¡Y vaya si intervienen! Cualquiera que haya visitado una capital latinoamericana conocerá la capacidad de sus artistas de usar el tiempo que dura un semáforo en rojo para hacer malabares, humor, limpiar un cristal y pasar la gorra. Todo en 40 segundos. Pero Valladolid no es Bogotá o Santiago de Chile.
Ayer bloquearon el parque del Poniente para simular atropellos, colarse por las ventanillas de los coches o tumbarse bajo las ruedas de un autobús. Conductores pacientes y hasta participativos y un público agradecido chocaron con las órdenes de fluidez viaria del agente ubicado en la zona.
Ignorante o no de que aquello estaba autorizado, el policía pasó del aviso a la acción y acabó arrastrando por el suelo a uno de los actores. A punto de esposarlo y ya pidiendo refuerzos, sólo la casual presencia de la concejal de Cultura, Mercedes Cantalapiedra, y su rápida intervención, enfriaron el clímax de la obra. Una trama en la que los espectadores ya habían tomado partido y ya se escuchaban los primeros gritos (¡Libertad! ¡Fuera represión!), incluso amagos de cortar la calle, que acumuló un considerable atasco pero del que nadie se quejó.
Reflexiones
Para entonces, los dos actores habían puesto pies en polvorosa. Subió el telón de la cotidianidad y el tráfico fluyó. Pero surgieron las preguntas y el debate se multiplicó por los corrillos. Un trabajo así, por muy programado que esté, ¿transgrede los límites? ¿cuáles son esos límites? Lo que es seguro es que para su segunda intervención de hoy, Teatro Gestual de Chile se han ganado ya el favor del espectador, que estará pendiente de medir los riesgos de su 'no guión'.
Pero a pesar de este inesperado tumulto, el ritmo diario de este festival suele ser un 'crescendo' desde que amanece cada mañana en el bucolismo del Campo Grande, transita por la rueda de espectáculos y piruetas del mediodía en la Plaza Mayor, desgasta la tarde entre buscadores de propuestas más reposadas y remata la noche con un regreso a los que apelan a creaciones que ya han asumido que, a esas horas, las calles ya no tienen prisa.
Así, en el gran 'pulmón verde' de la ciudad muchos buscan en las primeras horas algo más que oxígeno. Entre la floresta, una guía del festival conduce a los presentes en busca de esencias. Ayer tuvieron que enfrentarse a una nueva forma de interpretar el síndrome de Stedhal, ese que altera nuestros sentidos cuando no somos capaces de asimilar una sobredosis de belleza artística.
Esencia de la 'burbuja'
Hasta ahora, este mal se diagnosticaba a visitantes de grandes museos. La compañía sevillana Varuma Teatro puso a prueba a sus espectadores con una extraña simbiosis para interpretar música de Monteverdi a medio camino entre flamenco, bel canto y danza, apoyados en guitarra clásica y chelo, a los que completaban artilugios mecánicos capaces de extraer sonidos de un molinillo de guitarras españolas girando alrededor. Antes, un cantaor interpretó un martinete por walkie talkie y recibió su premio tan diferido como llegaba su voz.
«El ladrillo tiene 16 agujeros, ocho por cada lado. Es casi un objeto transparente». Nunca habíamos escuchado una explicación más convincente de la inconsistencia de la 'burbuja' inmobiliaria. Casi tanto como los ladrillos de 1Watt, unos muy peculiares chapuzas belgas que destrozan más ladrillos que los que logran cimentar en su particular muro.
En cualquier esquina puede cruzarse uno con un ser humano volando, contorsionándose o haciendo equilibrios imposibles. Pero la rúa está llena sobre todo de sentimientos. Y eso es lo que despiertan a raudales la Compañía Integrada Multidisciplinar portuguesa. Bajo la burocracia de este nombre, un grupo de paralíticos cerebrales muestran la poesía infinita que habita en una mirada. Algunos espectadores no pudieron reprimir las lágrimas ante tanta humanidad desvelada.
El TAC cruz hoy su ecuador con un incremento de la oferta y de los espectáculos, una 'aldea global' de la escena que repartirá sensibilidades llegadas de 14 países distintos. Y con el arribo de una gran parte de los 'vagones' de propuestas de compañías de Castilla y León en la sección Estación Norte. Así, Azar Teatro ('Solitos'), Alkimia 130 ('Amanay estado de fragilidad') y Zanguango ('Tocata y fuga (en fu renol') completan toda la carga escénica que inició 'El cuervo', de Teatro Corsario. La calle y sus actores permanentes seguirán marcando los límites a estos tan particulares y temporales inquilinos.
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