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47.315 lectores diarios RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 23 mayo 2012

Vida y Ocio

VIDA Y OCIO

Manolo Sánchez y Joselillo salen a hombros del coso del paseo de Zorrilla, mientras que Leandro ofrece los pasajes más artísticos de una tarde en la que Sergio Vegas no tuvo suerte con los aceros

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Manolo Sánchez y José Miguel Pérez 'Joselillo' fueron los triunfadores de la corrida de toreros vallisoletanos que se encargó de abrir la miniferia de San Pedro Regalado. Un triunfo que no debe ocultar el toreo preciosista de Leandro en el segundo de su lote, que fue de lo mejor de la tarde. Se lidiaron toros de la ganadería de Guadalest, que destacaron en conjunto por su nobleza. Sexto y séptimo tuvieron incluso codicia y fueron manejables el resto.
Abrió plaza Sergio Vegas que se topó con un toro que manseó y que pronto se arrinconó en tablas dificultando la labor del rejoneador de Rueda, que se lució con las banderillas, aunque su desacierto en la suerte suprema le privó de obtener trofeo alguno.
La primera oreja del festejo la cortó Manolo Sánchez tras lidiar con mucha suavidad y temple, sobre todo cuando toreó en la media distancia a un oponente lleno de bondad. Una faena a la que quizá faltó algo de emoción pero que resolvió con una certera estocada. Sánchez recurrió al arrimón para encandilar al tendido y tapar las carencias del segundo astado que le tocó en suerte, un ejemplar que tuvo movilidad al principio pero que protestó y fue a arreones en el último tercio. De nuevo, volvió a utilizar la tizona a la perfección.
Joselillo estuvo muy firme con el de Guadalest que ponía el punto y final a la corrida. Empleó un toreo de poder en los medios, con series muy acompasadas. La faena de capote tuvo un comienzo vibrante de rodillas. Después con la muleta, el toro repetía y no hizo honor a su nombre, 'Embustero'. Una estocada entera tras pinchazo le valió para desorejar a su enemigo. Toreó en las cercanías en su primero pero faltó cierta ligazón.
Leandro protagonizó los pasajes de mayor calado artístico y gusto de la tarde en el segundo de su lote, un astado que tenía transmisión y codicia. Culminó la obra de arte con unas manoletinas antes de entrar a matar, esta vez con mayor acierto que en el anterior en el que emborronó con la tizona su torería ante un animal justo de fuerzas pero con clase. Toreo de cara y cruz el de Leandro.
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