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Cultura

11.05.09 -

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Las jornadas de novela histórica concluyen con un elogio de su doble labor educativa y narrativa
Ni se opone a la historia, ni es su sucedáneo, ni la discute, ni le es servil. «Es sólo otra perspectiva». El traductor y profesor David Hernández, trató de resumir en una frase, las varias horas de debate abierto entre el amplio elenco de escritores y críticos que han participado en la jornadas sobre la novela histórica que ayer se cerraron casi a la vez que la Feria. También entre las dos mesas de ayer sobre la materia hubo otra coincidencia en no aceptar la mala fama de un género lleno de «buena literatura».
Algunos como el novelista catalán Alfred Bosch fueron más allá para asegurar que «al igual que la ciencia ficción, la novela histórica tiene la magia de transgredir el tiempo, cosa imposible para la historia».
Pedro García reclamó «ser fiel al contexto y el paisaje social» de la época narrada y Félix J. Palma consideró que, cuando una obra es buena, «se convierte en una forma entretenida para el lector de aprender más historia y rentabilizar la lectura». Como suele recordar el vallisoletano Enrique Gavilán, también presente ayer, «la historia es también literatura». Y, quizás fue el filólogo Julián Mateo quien puso el corolario a tanto debate: «hay que estar muy documentado y contar grandes verdades para recrear una gran mentira».
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