Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
47.315 lectores diarios RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Portada

ARTÍCULOS

11.05.09 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Suite española
Xxxxx
Siempre que oigo decir aquello de que la mejor música española es la francesa -ya saben, la 'Carmen', de Bizet; la 'Sinfonía Española', de Lalo; 'Rapsodia Española', de Chabrier, o 'La Hora Española', de Ravel-, me pongo como una fiera y empiezo por llamar analfabeto, aficionado y afrancesado a mi estupefacto interlocutor. La fase siguiente en mi proceso de indignación es soltar una soflama al deficiente musical de turno, para dejar claro que todo aquél con dos dedos de frente y dos orejas en un estado más o menos aceptable hace tiempo que sabe que la música en España es mucho más que castañuelas y flamenco, que no todas las españolas trabajamos en una fábrica de tabacos y que sólo nos vestimos de lunares y volantes en las fiestas patronales. Pero lo que de verdad no puedo soportar es que sea un español el que me suelte tal necedad, porque entonces no me indigno, sino que me disgusto; mi furia se enrosca, pierde fuste, y claro, al final la que se calla soy yo, incrédula y atónita ante tanto cretino desorejado que germina y habita en el país y encima se jacta, muy españolamente, de que sólo ha oído la música del timbre de su bicicleta.
¿Qué estamos haciendo mal? ¿Cómo es posible que un político gallego, Jesús Pérez Varela, consejero de Cultura (!) de La Xunta de Galicia -mucha atención, un representante público-, confundiera los 'Carmina Burana', uno de los cuarenta principales de la música clásica, con «Carmiña Burana, qué é unha das boas cantantes de este país»? Por Júpiter, qué bochorno. Bonita charlotada. Ahora comprenderán ustedes por qué a veces echo de menos tener cerca un aserradero. Y es que me sonrojo sólo con recordarlo. Pero, claro, no es difícil explicar semejante patinazo si tenemos en cuenta que -por poner un ejemplo- este mes de mayo, el día 18 exactamente, se cumple el centenario de la muerte de Isaac Albéniz en Cambo-les-Bains (Aquitania, Francia), y no hemos podido oír en directo ni una sola de sus obras porque nadie en varios kilómetros a la redonda se acordó de programarlas, no sea que los españoles vayamos a terminar apreciando nuestra música y familiarizados con ella lo suficiente para no hacer el ridículo. Obviamente, instituciones como la Fundación Albéniz, la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales o la Sociedad Española de Musicología aprovechan la efeméride para actualizar sus conocimientos en congresos, exposiciones y demás. El problema es que entre este circuito y el del público no sólo no hay conexión, hay un hueco del tamaño de un agujero negro. La gestión que corresponde a las políticas culturales de proximidad, esa que debería abundar en la difusión de la música de Albéniz, hacerla correr por las calles, subir su índice de audiencia, no se trabaja. Y no hablo de una mercadotecnia a base de tapas, abanicos, barajas, botijos o tortilla española al estilo Albéniz, no, pienso en documentales, ciclos de conciertos y conferencias en escuelas de música y conservatorios, divulgación en auditorios municipales, colegios, en los medios de comunicación. En verdad es justo y necesario, es más, es nuestro deber, y podría ser nuestra salvación. Porque hablamos nada menos que de la obra de Isaac Albéniz, la música española más relevante del siglo XIX. Albéniz nada menos, el autor de los cuatro cuadernos de la 'Suite Iberia', una obra sensacional, considerada unánimemente como una de las partituras de virtuosismo más brillante, difícil y personal jamás escritas para piano. Albéniz nada menos, el compositor de la 'Suite Española', de 'España, seis hojas de álbum', de 'Cantos de España' y 'Serenata Española'. Albéniz nada menos, el niño prodigio que visitó Valladolid en febrero de 1872 para ofrecer un recital de piano en el Teatro Lope de Vega. Albéniz nada menos, el maestro que paseó Ávila, Palencia, Salamanca y León para desmigar 'Castilla' en luminosas seguidillas.
Qué mala suerte tuvo Albéniz al nacer en España. Este país no cuida a sus inmortales, escupe sobre sus tumbas. Y ni siquiera podemos acogernos a la excusa del olvido o al consuelo de lo difícil, porque esto es, lisa y llanamente, exasperante ignorancia. Así las cosas, siempre elegiremos a Barrabás. Menos mal que en Francia, donde Albéniz vivió sus últimos años, se amontonan los homenajes y conciertos que la música del compositor se merece. Va a ser verdad eso tan gastado de que siempre nos quedará París…Lo que me fastidia es que al final, voy a tener que dar la razón a quienes afirman que la mejor música española se hace en Francia. En España nos dedicamos a echarle tierra encima. Y así nos va.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Videos de Consejo de Gobierno
más videos [+]
Consejo de Gobierno
Vocento
SarenetRSS