Los voluntarios de la oenegé Sodepaz están hartos de sufrir las iras de grupos radicales. Su sede de venta de productos de comercio justo, ubicada en el número 20 de la calle Fray Luis de León, sufrió en la madrugada del miércoles el segundo ataque en lo que va de año. Los autores, que no dejaron misiva reivindicativa alguna, reventaron la luna del escaparate y causaron daños en la verja metálica que protege el cristal.
La nueva agresión, la cuarta de las mismas características que sufre el local en los últimos seis años, llevó ayer a la Federación de Asociaciones de Vecinos Antonio Machado a emitir un comunicado de condena de lo que calificaron de «acto de violencia política contra una organización por sus posturas ideológicas y su trabajo social».
Fuera eso o un simple acto vandálico -no lo parece dada la reiteración-, lo cierto es que los miembros de la oenegé están hartos de emplear sus escasos recursos en reparaciones y exigieron ayer a las administraciones que «adopten las medidas policiales que sean necesarias para acabar con el hostigamiento al que nos estamos viendo sometidos antes de que ocurra algo serio dado que hasta ahora sólo hemos sufrido daños materiales y, también, morales».
La dependienta que ayer atendía el establecimiento matizó, eso sí, que «por mucho que intenten coaccionarnos no van a entorpecer nuestra labor de apoyo al comercio justo y de defensa de los derechos humanos». Toda una declaración de intenciones contra una serie demasiado larga ya de ataques contra una oenegé que lleva 22 años implantada en la capital -el próximo jueves celebra su cumpleaños con un concierto en el Café Teatro- y que destina sus beneficios directamente a pagar a los agricultores de países en vías de desarrollo sin intermediarios.
Mazazos y hachazos
Los hechos, esta vez, ocurrieron en la madrugada del miércoles y los autores emplearon una maza o algún objeto contundente similar para abrir un boquete en la luna del escaparate -ya reparada- a pesar de la reja exterior. El 'modus operandi' es similar al ataque del pasado 14 de enero, cuando los agresores emplearon un hacha para destrozar tanto la luna como el cristal de la puerta. Aquel día, además, amanecieron también destrozadas las lunas blindadas de la librería Sandoval, en la plaza de El Salvador. Ambos habían participado entonces en diversos actos de apoyo en solidaridad del pueblo palestino y de protesta contra la guerra en la franja de Gaza.
Esta vez no había acto alguno convocado y los autores tampoco dejaron su firma como en ocasiones anteriores -pintadas neonazis-. «No sabemos si han sido las mismas personas que otras veces, pero tienen que entender que somos una oenegé pequeña que nos dedicamos a trabajar en temas de solidaridad sin meternos con nadie», añade la misma trabajadora.
Desde la oenegé mostraron su temor a que los daños acaben degenerando en agresiones. Los autores nunca robaron objeto alguno.