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47.315 lectores diarios RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Valladolid

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El anuncio de la Junta y de Feve de impulsar un proyecto turístico en la abandonadalínea férrea Valladolid-Ariza aviva la esperanza de los pueblos de la zona

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Los hay que recorren el sudeste asiático y permiten contemplar indescriptibles atardeceres entre campos de arroz, donde sumergidos hasta las rodillas, laborean humildes campesinos. Otros, atraviesan interminables paisajes a lo largo de 10.000 kilómetros mientras se paladea selecto caviar y un vodka que no se lo salta un cosaco. Incluso, existe uno, un tren, que cada día y durante tres horas muestra a los amantes de los vinos las más selectas zonas de su producción, pero en Napa Valley, California.
El que podría hacerlo por la abandonada línea ferroviaria Valladolid-Ariza en la Ribera del Duero continúa en vía muerta a la espera de que el jefe de estación proceda a darle la correspondiente orden de salida aunque, eso sí, habría que proceder a un ritual inversor de resucitación de la infraestructura bastante importante, ya que desde que circuló por ella el último tren, en los 90, ha sido objeto del más absoluto abandono y de constantes saqueos. Pero quién dijo miedo. ¡Viajeros al tren! Fantasma.
La última noticia que se tiene sobre la rehabilitación de esta línea se remonta al 5 de diciembre pasado. La Junta y Feve (empresa ferroviaria dependiente del Ministerio de Fomento), en el acto de celebración de los 25 años del Transcantábrico, hacían público su compromiso de impulsar un tren turístico que circularía por el corredor del Duero y que se pondría en marcha una vez se recuperase el antiguo trazado ferroviario entre Valladolid y la localidad zaragozana de Ariza. En alusión a este proyecto turístico que pasaría, entre otros lugares, por la puerta de un selecto ramillete de bodegas de la Ribera del Duero, el presidente de Feve, Ángel Villalba, recogía en ese mismo evento el guante lanzado por el presidente Herrera.
Antes ya se habían producido iniciativas de este orden, en forma de promesa electoral o moción, como la que elevó Izquierda Unida en la Diputación de Valladolid. Instó a «la recuperación de este trazado», ya que este recorrido «tiene varias opciones, desde una turística a otra como tren metropolitano Valladolid-Laguna-Tudela».
Recorrido histórico
Este camino de hierro, cuyo objetivo primordial era unir el este y el oeste de la península a través del ferrocarril, fue autorizado por el gobierno de Alfonso XII en 1863, pero no fue hasta 32 años después cuando se inaugura. Durante su primera época se utilizó principalmente para el transporte de mercancías, aunque a comienzos del siglo XX el número de pasajeros que lo empleaban aumentó de 100.000 a 150.000 por año.
Después de muchos avatares, Guerra Civil por medio en la que el ejército de Franco la utilizó para trasladar tropas entre los frentes del Norte y Aragón, así como a los de Extremadura y Madrid, la línea se vio abandonada a su suerte, mala. Hasta bien entrado el pasado siglo fue rentable, hasta que la competencia de autobuses y camiones rebajó los beneficios. Un ambiguo estudio acabó por finiquitarla, para pasajeros en 1985 y para mercancías en 1995 (información más detallada puede encontrarse en el libro de Pedro Pintado, 'El Ferrocarril Valladolid-Ariza. 1895-1995').
Curiosa coincidencia entre el tren que atraviesa los viñedos californianos y el último que lo hizo con viajeros entre la capital vallisoletana y Peñafiel (56 kilómetros), es la duración del viaje: tres horas el yanqui degustando delicatessen y algo más de dos horas el ribereño catando la inmensidad del tiempo. Así, ¿puede ser rentable algo?
Próxima, esperanza
Como título para un álbum musical ('Próxima estación, esperanza', lo hizo Manu Chao) no está mal. Pero este mismo calificativo elevado a máxima filosófica aplicada a la actualidad, tampoco está nada mal: Próxima Estación, La Esperanza. Esta parada se encuentra en Valladolid y dentro del edificio del apeadero, aparece ese oasis y gentes para el optimismo, un grupo de apasionados que forman la Asociación Vallisoletana de Amigos del Ferrocarril (Asvafer).
De ellos surgió la idea de reconvertir la Valladolid-Ariza, al menos hasta Peñafiel, en un tren turístico y en línea tranviaria de cercanías hasta Tudela de Duero. Como explica Pedro Pintado, bibliotecario de la asociación, «el tren turístico es una iniciativa de la asociación del año 88. En el 95 hubo un reconocimiento de esta propuesta con Dionisio Miguel Recio que era Director General de Turismo, mandó un estudio y es cuando surgieron los problemas con los pasos a nivel».
Ganó el contra
Pintado señala que se valoró muy por encima del coste real, quizá como excusa para no emprender la iniciativa, «el proyecto se presupuestó en mil y pico millones. Tiraron por lo fácil». Además, asevera que «en la Junta hubo dos tendencias, una a favor y otra en contra». Queda claro cual se impuso. En principio Asvafer denominó a este ferrocarril turístico Tren del Lechazo. Sobre el anuncio de fin de año efectuado por Herrera con Villalba por testigo, desde la asociación señalan «que esta propuesta es muy indefinida, no se ha concretado nada, de cómo se haría o como se dejaría de hacer. No podemos opinar sobre lo que no es más que un comentario». De momento es lo que hay, poco más que un sueño que para hacerse realidad sería necesario la completa renovación de la red.
A día de hoy apenas 15 kilómetros son utilizables, para llegar a Laguna de Duero y poco más, al menos es lo que se apunta desde Asvafer. Parece que el sino de esta senda férrea es el del querer y no poder. «La historia que nosotros conocemos es que en 1975 se renovó la vía, pero sólo 12 kilómetros, ya que aunque se pagó por todo, hubo un desfalco, algo que costó incluso el suicidio de un ingeniero». El informe que echó el candado a la Valladolid-Ariza tampoco convence: «La parte más gorda del estudio cuando se cerró la línea era que se excluían los ingresos que generaba Fasa por el tráfico de mercancías, y Fasa forma parte de la línea. Si se hubieran incluido sería una de las líneas más rentables del país».
Después de que en diciembre Herrera comunicase la buena nueva y Villalba la secundase, y de que se comprometieran a que en unas semanas concretarían más sobre el asunto, cuatro meses después, sin noticias de Dios. La verdad es que no es tan fácil resucitar una momia de dimensiones faraónicas como es ésta. Primero, el Gobierno regional tendría que solicitar la cesión de la vía por parte de Adif, para posteriormente dotar de financiación a la obra que ejecutaría Feve, así como la prestación del servicio.
Hoy, los únicos que pueden encontrar motivos para el disfrute de este recorrido que ofrece unos maravillosos decorados para películas de temática apocalíptica son los amantes de la botánica, ya que en él ha surgido un amplio muestrario de hierbas de todo tipo y condición, las cuales cubren y conviven con utensilios y mecanismos oxidados. Incluso vigorosos pinos crecen entre raíles. Todo ello hace que los rieles en algunos lugares sean como la leyenda del Guadiana, aparecen y desaparecen bajo matorrales, escombros y el asfalto de las carreteras que cruzan los viejos pasos a nivel. Exceptuando, claro, los que han sido expoliados.
Hasta un bar de copas
En cuanto a los edificios ferroviarios, los cuales responden a una misma tipología, algunos se mantienen en pie gracias a estar habitados o ser utilizados para diversos fines. En Tudela de Duero por ejemplo, su estación está habitada y da cabida al culto evangélico de una asociación gitana, además de ofertar en otras dependencias una terraza de verano y un bar de copas. En Sardón también varios edificios siguen habitados por ex trabajadores de Renfe y por un empleado del Ayuntamiento.
En la Esperanza viven dos familias y tiene su sede Asvafer. Quintanilla de Onésimo apuesta por el enoturismo con un amplio parque temático dedicado a la arquitectura del vino. La estación y almacén de Quintanilla de Arriba en buen estado y otras dependencias, alquiladas a particulares. En Peñafiel, las viviendas de los pasos a nivel habitadas y bien conservadas y el edificio central, tapiado a cal y canto para prevenir ocupas. A su lado, un almacén de la estación reconvertido en establo junto al cual se levanta el picadero para ejercitar a los equinos. Y así, en busca de la línea perdida, se llegaría a Ariza. Fin de trayecto.
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