No parece muy habitual que los agricultores y los ecologistas coincidan en sus planteamientos; más bien, todo lo contrario. Sin embargo, la lucha contra los transgénicos (cultivos que crecen a partir de semillas genéticamente manipuladas) les ha unido en el mismo frente.
El escenario de batalla será la ciudad de Zaragoza y la fecha de la contienda, el próximo 18 de abril. Ambos colectivos alzarán sus voces «contra la imposición de los transgénicos en nuestra agricultura y alimentación».
Desde la Plataforma Rural, una de las convocante de la manifestación -junto a Colectivos Acción Solidaria (CAS), COAG, Ecologistas en Acción, Entre Pueblos y Greepeace-, su presidente, Jerónimo Aguado, se muestra en contra de la utilización de este tipo de materias primas porque «son dañinas para el medio ambiente y para los agricultores» puesto que pretende crear una «dependencia» de estos profesionales hacia las casas de semillas que elaboran las transgénicas.
En Castilla y León, de momento no se cultivan este tipo de semillas pero sí que hay algunos campos de ensayo en torno al maíz. Sin embargo, en el resto del país sí que se cultivaron 80.000 hectáreas de maíz transgénico en el 2008 y, «aunque existe incertidumbre sobre la cifra en este año, es probable que sea similar».
De todas las comunidades, Aragón es la que más transgénicos cultiva «y, por lo tanto, Zaragoza es el lugar simbólico más adecuado para celebrar esta marcha», aseguran desde la organización. De un total de 79.269 hectáreas de cultivo comercial en el 2008 (según datos del Ministerio), 31.857 se plantaron en Aragón. Estos cultivos, aunque suman menos del 25% de la superficie de maíz en España, «comprometen a todos los cultivos de maíz convencional, ecológico y tradicional». Los efectos se están notando en la contaminación -que sí «existe», según la convocatoria de la manifestación- y están suponiendo «pérdidas» para los agricultores. Además, «la experiencia de España demuestra que la pretendida coexistencia entre cultivos transgénicos y no transgénicos es completamente imposible».
Sin diferencia
No es fácil identificar un producto elaborado con una materia prima transgénica de otro que no lo es. Según Aguado, «no hay diferencia en apariencia», pero asegura que «se ha comprobado que han aumentado las alergias». Lo que no se puede demostrar, según los manifestantes, es que «las enfermedades que han ido apareciendo estén relacionadas con este tipo de cultivos». No obstante, estos colectivos están dispuestos a luchar para que el cultivo de este tipo de semillas «vaya en decadencia».
Para ello han iniciado un movimiento que pretende crear un día mundial contra los transgénicos -cada 8 de abril- y evitar que las empresas que se dedican a esa manipulación genética de las semillas «creen una dependencia» por parte del agricultor porque resulta que la semilla solo sirve para una campaña.
Esto supone «un peligro de privatización de la alimentación», dice Aguado, porque las empresas de estas semillas son las que controlan el alimento final.