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47.315 lectores diarios RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 4 febrero 2012

Cultura

CULTURA

Un equipo de investigación reúne por primera vez las más de 10.000 inscripciones, versos y jaculatorias que tapizanel monumento nazarí
27.03.09 -

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La voz de la Alhambra
Tres turistas en el Patio de los Arrayanes./ MARCELO DEL POZO-REUTERS
La Alhambra habla. Sus muros y columnas, sus fuentes y capiteles proclaman la grandeza de Alá o loan la magnanimidad del sultán. Puertas y artesonados rezan versículos del Corán y recitan poemas. El ensueño nazarí sobre Granada rebosa palabras, sonidos impresos que recubren estucos, piedras y maderas. Poco dado a las artes plásticas, el Islam se adornó por escrito y la Alhambra, con unas 10.000 inscripciones, es un libro abierto a los ojos del visitante capaz deentregas con herramientas informáticas y DVDs, que esperan terminar quizá para el 2010, explicó Juan Castilla, coordinador del proyecto del CSIC.
La lectura detenida de la Alhambra no ha arrojado grandes sorpresas hasta ahora. Sí se han podido desterrar algunos mitos, como que el recinto está plagado de poemas o de versos del Corán.
De ambos «el porcentaje es mínimo», explicó Castilla. Lo que se reproduce una vez y otra, a cientos, es el lema dinástico nazarí 'Wa-lâ gâlib illâ Allâh' (No hay vencedor sino Alá). Hay también epígrafes laudatorios de los constructores del Palacio de Comares, Yusuf I y su hijo Mohamad V, jaculatorias, inscripciones votivas como 'bendición', 'felicidad', o sentencias morales del tipo 'Sé parco en palabras y saldrás en paz'.
Se trata de una decoración epigráfica característica de la etapa nazarí, presente en otros monumentos coetáneos del mundo islámico fuera y dentro de la Península Ibérica. «Hay fragmentos enteros que se repiten en los Reales Alcázares de Sevilla, y a menudo los mismos artesanos viajaban de un lugar a otro y repetían motivos», argumentó el responsable del proyecto. El recinto de Comares comenzó a construirse en el siglo XIV. Los artesanos trabajaban bajo la supervisión de los poetas de la Secretaría de Redacción, encargada de los proyectos decorativos y de prever en qué espacios irían luego grabados los versos e inscripciones, originales unas veces, adaptados de composiciones anteriores otras. «Posiblemente no habrá otro lugar en el mundo en el que recorrer muros, columnas y fuentes se convierta en un ejercicio tan similar a hojear las páginas de un libro de poemas», apostilló el investigador.
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