La operación Almanzor ha concluido con la desarticulación de una red de caza ilegal que operaba en la Reserva Regional de Gredos. Han sido detenidas 48 personas (46 hombres y dos mujeres), 29 de ellas de Ávila. Se han incautado más de 350 trofeos. Destacan tres leones, 58 machos de cabra hispánica, 95 venados, 92 corzos, 23 gamos, 16 rebecos, 22 jabalíes y tres lobos. También se han encontrado 28 armas, ocho silenciadores, tres pistolas, dos revólveres, tres arcos, 72.100 euros y 21.500 dólares en metálico.
Según la Guardia Civil de Ávila, la red «se encargaba de preparar cacerías furtivas a clientes que deseaban cazar un animal prohibido, o con unas características determinadas». Los solicitantes pagaban un precio inferior al que costaría el uso de los cauces legales.
Las investigaciones se iniciaron cuando la Guardia Civil puso al descubierto la existencia de un grupo de personas que actuaba en las sierras de Ávila y se estableció un despliegue de más de medio centenar de agentes de Ávila, Toledo, Cáceres, Badajoz, Ciudad Real y Madrid en un dispositivo que concluyó con la detención de todos los componentes de la red.
Los cazadores contactaban con un intermediario, experto en la caza, mediante anuncios, más o menos encubiertos, insertados en revistas especializadas. Tras comprobar la fiabilidad del cliente, el intermediario le ponía en contacto con el encargado de organizar la cacería, que era quien acompañaba al cazador en la misma.
Se proponía la fecha, lugar y hora y se fijaba el precio para cada pieza y trofeo, y ponían al cliente en contacto con el 'facilitador', que se encargaba de localizar en el monte las zonas donde se encontraban los animales. «En la mayoría de los casos la cacería se producía de noche, con armas dotadas de silenciador y sin numeración para que, en caso de tener que abandonarlo, no se les pudiera vincular con el arma», explica la Guardia Civil. Durante la cacería algunos de los miembros de la red vigilaban el movimiento de la Guardia Civil y de la Guardería Forestal con transmisores y escáneres de gran potencia para interceptar las comunicaciones.
Tras abatir al animal, cliente y encargado abandonaban la zona sin llevar ningún objeto que les vinculara al hecho, mientras que los encargados de la vigilancia recogían las armas y el trofeo. Días después trasladaban a un taxidermia el trofeo y, cuando estaba listo, se le entregaba al cliente previo pago de la cantidad estipulada, entre los 2.500 y 5.000 euros.