Ismael, el joven acusado de matar a su padre y a su hermana en su casa del Barrio Girón, «sabía lo que hacía y quería hacerlo», ¿o no? Los forenses que le examinaron a raíz del crimen y el psiquiatra que le trató antes y después de los hechos discreparon ayer sobre la enfermedad mental que padece. Si sufría un trastorno esquizoide de la personalidad, como defienden los primeros, o una esquizofrenia simple, según el segundo, deberán decidirlo los nueve miembros del jurado. Será el punto fundamental de un caso complejo en el que el tipo de padecimiento del joven marcará su futuro. Si es válida la tesis forense, Ismael es imputable y podría pasar media vida en prisión. Si la buena es la teoría del psiquiatra, el acusado cambiará la cárcel por un centro para tratar su enfermedad.
La discusión jurídica sobre el grado de imputabilidad del procesado la escenificaron ayer sobre el estrado el director y el jefe de laboratorio del Instituto de Medicina Legal, Luis Fombellida y José Domingo Sánchez, y el psiquiatra de Sacyl Ramón Esteban Arnaiz. Los servicios de este último fueron solicitados por el juez y no por el abogado del imputado, lo que le confiere una mayor objetividad. Algo que resulta evidente, pero que quiso dejar claro el letrado.
Ni palabra sobre el crimen
Lo único en lo que coincidieron los especialistas, todos ellos citados en calidad de peritos, fue en reconocer que Ismael V. S. se mostró «colaborador» en todo momento a la hora de hablar de su pasado -sólo en lo relativo a su padre- y en matizar que se «cerró en banda» con respecto al día del crimen.
Los primeros en comparecer fueron los forenses para defender los resultados de un informe psiquiátrico, el suyo, que concluye con que el acusado «sabía lo que quería hacer, tenía conocimiento de que estaba mal y voluntad para actuar de otra manera, pero lo hizo», según resumió Fombellida. A juicio del perito, Ismael padece un «trastorno esquizoide de la personalidad de muy poca intensidad» que proviene de «su tendencia al aislamiento -estuvo más de tres años sin salir de su domicilio-, su frialdad emocional -relataba sus vivencias sin un componente afectivo- y sus dificultades en las relaciones interpersonales».
Todo ello, aderezado con una infancia complicada fruto del terror que sentía hacia su padre, debieron llevarle a sufrir una «reacción vivencial anormal -desproporcionada-» ante un estímulo, presumiblemente proveniente de su progenitor, aquella tarde del 26 de junio del 2007. Pero, quisieron matizar los forenses, «su capacidad de actuar estaba controlada» y aquella reacción, aunque evidentemente desmesurada, «pudo controlarla». No lo hizo y, quizás, sesgó de golpe las vidas de su padre y de su hermana -así lo entiende la fiscal, que solicita para él 40 años de cárcel por doble asesinato-. Motivos, en apariencia, no le faltaban contra el primero -malos tratos, humillaciones,...-, pero ¿qué le llevó -si es que realmente lo hizo- a acabar con la vida de su hermana?
La respuesta a esta última pregunta la ofreció su psiquiatra: «Puede que nada». En opinión del doctor Esteban Arnaiz, si su paciente mató a María Victoria -la hermana- fue un crimen «sin sentido», lo que ahondaría en su tesis de que sufre una «esquizofrenia simple» que le hace inimputable.
Uno de los síntomas de esa enfermedad, que surgió de golpe, «como algo nuevo y no arrastrado, como ocurriría con un trastorno psicótico», es precisamente «hacer cosas que uno siente como contradictorias». Ismael lo hizo, si es que lo hizo, porque «tenía severamente disminuida su capacidad para distinguir entre el bien y el mal ante la mayor amenaza que había conocido a lo largo de su vida», es decir, su propio padre.
Atenuante o eximente
Esa 'disminución', que no anulación, es el único resquicio legal por el que podría colarse, si el jurado da por buena la teoría de la esquizofrenia simple, una atenuante de trastorno mental, que sólo reduciría la condena, frente a la eximente completa que plantea el abogado del presunto parricida.
La patología de Ismael, concluyó su psiquiatra, era una «olla a presión» que le llevó a sufrir la tarde de autos una «reacción emocional intensísima y descontrolada».
El médico de la sanidad pública y los forenses tampoco lograron ponerse de acuerdo a la hora de explicar episodios de la vida de Ismael como su intento de suicidio en el 2004 -alegó que «la tele le había dicho que tenía la sangre contaminada»- o el hecho de firmar hasta dos escritos, tras ser detenido, como Ismael Máximo España. ¿Locura? El jurado deberá concretar desde hoy la respuesta.