Había una vez un equipo que pasado el mes de competición prometía ser el conjunto correoso que todo el mundo esperaba de él. Con descaro y con el cuchillo entre los dientes, se atrevía a cortar la caballera -al más puro estilo apache- a cualquiera que osase jugar en su reserva. Esta historia bien podría extrapolarse al Becerril y al Mariano Haro. No hace tanto, los entrenadores visitantes se iban con una mano detrás de la otra hablando de las dificultades de un campo donde no había tregua posible, ni posibilidad de ondear la bandera blanca.
Sin embargo, el apache perdió el caballo y el Becerril encadenó más de tres meses sin sumar un sólo punto. ¡Dichoso 13! Jornada tras jornada, el casillero permanecía inamovible desde aquel empate a dos ante el Almazán soriano. Los aficionados contemplaban la clasificación a la espera de que el fatídico número cambiara, pero el puñetero no hacía por moverse. «Nos falta gol», aludían primero Jesús Collantes, ex técnico del equipo, y más tarde, José Antonio Hernando.
Pasa página
El retorno a la buena línea se esperaba. Tarde o temprano tenía que llegar, aunque éste fuese en forma de empate y no de victoria.
El buen juego desempeñado en algunos periodos de los encuentros ante el Real Ávila, Numancia B o Burgos hacía entrever que el 13 no tardaría es desaparecer de la tabla. Y así ocurrió el pasado domingo, cuando los palentinos desterraron la fatídica cifra de su casillero. Los morados consiguieron un meritorio empate en Astorga (0-0), que bien pudo ser una victoria si una vez más los arietes palentinos hubiesen acertado con la meta maragata.
El 14 cayó para alegría de unos jugadores y un cuerpo técnico que ya piensa en cortar la cabellera del Santa Marta, equipo que visita la reserva morada el domingo. «Si estamos acertados de una vez por todas, podemos darnos una alegría y creer un poquito más en nosotros mismos», asegura el entrenador del Becerril, José Antonio Hernando.
Y es que los temores del preparador palentino no son infundados, ya que su equipo es el peor en los registros goleadores, algo que sería bien distinto si se contabilizasen el número de balones estrellados en la madera.
Sin embargo, como dice la fisioterapeuta del equipo, Laura López, «mientras haya vida, hay esperanza para el equipo», y a buen seguro que los morados, después de romper la mala racha, afrontarán el choque ante el Santa Marta con una nueva perspectiva: la de la victoria. Muy lejos queda aquel 5 de octubre en el que Dani veía puerta por primera y última vez, para desgracia de su equipo, que ya no se acuerda de ganar.
El nuevo capítulo del cuento -ya sin el 13 de por medio- se abre como un soplo de aire de esperanza. Los morados sueñan con que lo que antes eran goles fantasmas, tantos en propia meta o balones al palo, ahora se conviertan, por acción y efecto del 14, en una remontada épica. 'Yes we can' (sí, nosotros podemos) reza la pancarta del Mariano Haro. Es hora de demostrarlo.