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47.315 lectores diarios RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 11 febrero 2012

Valladolid

VALLADOLID

A pesar de estar prohibido por tres ordenanzas municipales, el Ayuntamiento sóloha multado en cuatro años a 36 dueños de perros por dejar los excrementos en la calle

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El 'multacán' no funciona
Excremento junto a la plaza de Portugalete ./ STEPHANIE LEHMANN
No era la primera ni la segunda vez. Su queja era la de un vallisoletano más. Pero la pregunta de Félix en el videochat de nortecastilla.es fue la que incitó al alcalde, Javier León de la Riva, a anunciar que el Ayuntamiento iniciará «una nueva campaña de sensibilización con los propietarios de los perros» para evitar que los excrementos y deposiciones de los canes sigan campando a sus anchas por las calles y parques públicos de la ciudad. «El problema de los perros va a ser objeto nuevamente de atención específica por las áreas de Medio Ambiente y Seguridad del Ayuntamiento», avisó. Y añadió que «pasaremos a sancionar a quienes incumplan la ordenanza». Aunque el alcalde utiliza el singular, en realidad no es uno solo, sino varios los reglamentos municipales que prevén sanciones para los propietarios de perros que incurran en comportamientos guarros e incívicos.
Así, el artículo 11 del reglamento municipal de Limpieza, Recogida y Eliminación de Residuos Sólidos Urbanos establece que «no está permitido que los perros u otros animales realicen sus deyecciones en las vías públicas» y añade que «la persona que conduzca el animal está obligada a proceder a su inmediata limpieza». El cerco al dueño puede estrecharse también desde el reglamento de Parques y Jardines de la Ciudad de Valladolid. Su artículo 7 establece que «como medida higiénica ineludible -inciso, atención a lo de ineludible-, las personas que conduzcan perros dentro de los parques, jardines y plazas públicas impedirán que estos depositen sus deyecciones en los mismos y en general en cualquier lugar destinado a tránsito de peatones, muy especialmente en juegos infantiles y zonas de niños».
Y más. La tercera norma municipal que regula este comportamiento incívico es la consignada legalmente como ordenanza municipal sobre protección de la convivencia ciudadana y prevención de actuaciones antisociales, pero que en la calle es conocida como la ordenanza antivandálica. El artículo 15.2 es casi clavado a los de los otros textos normativos. «Los propietarios o responsables de animales deberán recoger los excrementos sólidos que los mismos depositen en la vía pública». Si no lo hacen, multa al canto.
Manga ancha
Ésta es la teoría. Al menos tres textos municipales que lo prohíben y que, al mismo tiempo, establecen multas para quienes los incumplan. ¿Y qué hay de todo esto? Pues una gigantesca manga ancha. Enorme. Las memorias de la Policía Municipal confirman que las multas -como por otro lado ocurre en la mayor parte de los ayuntamientos del país- brillan por su ausencia. El 'multacán' no funciona. En Valladolid, y durante cuatro años, los agentes tan sólo han impuesto 36 sanciones en este sentido. Los últimos datos facilitados corresponden al año 2007, cuando el número de perros en la capital superaba los 17.400. Entonces, los agentes impusieron ocho multas en la zona centro, dos en los barrios de la zona sur y una en Parquesol. Y ni una sola en Delicias, La Rondilla o Pajarillos, con parques tan grandes como Canterac, Patricia o Ribera de Castilla. En años anteriores fueron 10 multas en el 2004, otras tantas en el 2005 y cinco en el 2006.
¿Por qué? Porque aunque aparece recogido en los reglamentos municipales, no se suele sancionar. Primero porque, según explican desde la Policía, es muy difícil que un agente sea testigo de esta circunstancia. Y si lo es, normalmente se echa mano del apercibimiento. Se informa al infractor de que su comportamiento es incorrecto y se le advierte de que a la próxima llegará la multa. Así, las sanciones se dan en casos reincidentes «o a instancia de parte, cuando un vecino presenta una denuncia, algo que no es muy habitual». Al final, la broma puede salir por 60 euros.
Más en invierno
Pocas multas, muchas infracciones -los restos lo delatan- pero, sobre todo, dueños de perros que saben perfectamente que su comportamiento es incorrecto. Desde la concejalía de Medio Ambiente constatan que los excrementos de perros son mucho más numerosos durante los meses de invierno que en verano. Y esto no responde a especiales ciclos en la naturaleza perruna. No. En los meses de primavera y verano, cuando llega el buen tiempo, como hay más gente en los parques y por lo tanto, más personas mirando, los dueños se cortan un poco más y suelen recoger las deposiciones. «En invierno, con menos testigos, las cacas se multiplican», explican desde el Ayuntamiento. Y hay un problema añadido. En invierno, como el césped apenas crece, no se siega. «Así que la acumulación se hace importante», explican en el Consistorio. Tanto, que una vez terminada la primera siega, entre finales de marzo y principios de abril, «las máquinas se tienen que desinfectar», comentan desde Medio Ambiente.
Con multas o sin ellas, desde el Ayuntamiento aseguran que la situación es muy difícil de resolver y combatir, si no es apelando al civismo y a la educación de los propietarios de las mascotas. Hay administraciones que reparten bolsas de plástico, pinzas recogeheces y en Valladolid, por ejemplo, existen cerca de cuarenta evacuatorios en la ciudad. Pero tampoco terminan de cuajar. Son pequeños recintos instalados en parques y jardines públicos, rodeados por una valla de madera de color crema. Estos evacuatorios se limpian «todos los días», tal y como explican desde el Ayuntamiento. Y se hace a primera hora de la mañana. ¿Cuál es el problema? Pues que al poco tiempo de limpio ya está de nuevo lleno de excrementos. Los cinco primeros propietarios pueden llevar allí a sus perros a hacer sus necesidades, pero el sexto ya no entra. «A veces es peor tenerlo todo concentrado en un punto tan pequeño», explican algunos de los usuarios. «En el Ribera de Castilla teníamos dos y en uno de ellos casi había más niños jugando con la arena que perros», explica Miguel Ángel Niño, presidente de la Asociación Familiar de La Rondilla. En este colectivo vecinal, las cacas de los perros salían a relucir -con perdón- «asamblea tras asamblea. Era un tema recurrente», reconoce Niño. «Eso sí, ahora se comenta menos. Lo sigues viendo por la calle, por desgracia, con lo desagradable que es y los problemas que tiene, pero las protestas no son tan numerosas como antes». Pero las heces no sólo tienen consecuencias 'estéticas', sino que también generan otros problemas. La orina del perro provoca importantes daños en el césped. Lo queman y dejan unos cercos amarillentos, más visibles fuera del invierno, cuando el césped está más verde.
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