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47.315 lectores diarios RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 23 julio 2014

Vida y Ocio

VIDA Y OCIO

La religiosa soriana Sor Clara Sánchez fue un ejemplo de humildad y entrega
11.02.09 -

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La monja incorrupta
Desafiando a las leyes naturales y temporales, los cuerpos sin vida de ciertas personas no siguen el proceso habitual de descomposición del organismo cuando traspasamos el umbral hacia el más allá, es el fenómeno post-mortem que conocemos como cuerpo incorrupto. Las causas por las que se puede producir este fenómeno son distintas puede ser natural, debido a condiciones intrínsecas del interior del propio cuerpo; o extrínsecas como las características del terreno donde esta enterrado el cuerpo, donde una atmósfera seca favorece la desecación del cadáver. Los científicos han estudiado múltiples casos de incorruptibilidad a lo largo de los tiempos encontrando respuestas racionales a algunos de ellos, sin embargo existen casos que desafían a la ciencia y se adentran en los intrigantes caminos de lo sobrenatural, ya que se producen en personas que tienen como particular añadido el que en sus vidas realizaron numerosos fenómenos paranormales.
En nuestra región tenemos varios casos con esas características: partes del cuerpo de Santa Teresa de Jesús en Alba de Tormes (Salamanca), los restos de San Juan de la Cruz en Segovia y los sorianos Sor María Jesús de Agreda, Santa Cristina de Osma y el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada.
Fue el investigador soriano Alberto Arribas quien me hizo llegar un caso desconocido para mí y mucho más reciente en el tiempo: la monja soriana Sor Clara Sanchez, fallecida en 1973 y cuyos restos fueron exhumados en 1982, encontrándoles incorruptos y en unas condiciones del terreno nada favorables para la producción del prodigio. Así que hemos puesto rumbo al convento de Santo Domingo en la capital Soriana para conocer una intrigante historia.
Una vida de humildad
El día 14 de febrero de 1902, vio por primera vez la luz Juana de la Concepción Sánchez García en Torre de Cameros (La Rioja). Hija de Leopoldo (maestro nacional) y Agustina, tuvo 6 hermanos más y con dos años de edad se trasladó junto a su familia al municipio soriano de Rebollar. Desde niña se le observó una innegable predisposición para la vida religiosa, fueron muchas las veces que en vez de ir a jugar con otros niños, se la encontraban en actitud contemplativa en el interior de la iglesia del municipio. Su vocación ardiente debió de esperar varios años por el respeto y obediencia a su padre, cuyos principales deseos eran que continuara con sus estudios.
Esta tesitura causaba un enorme desasosiego en Juana, su deseo se vio cumplido a los 20 años de edad, cuando ingresó en la Orden de las Clarisas en el Convento de Santo Domingo. Fueron 53 años de vida ejemplar ocupando diversos y variados cargos. Ejerció de Sacristana, Tornera, Ropera, Vicaria, Ecónoma y Abadesa (17 años). En todos ellos destacó por su sencillez y sumisión. Los testimonios de todas las personas que la conocieron en vida son coincidentes: era una persona entusiasta, alegre y amable. No hubo en su vida ni éxtasis, ni arrobamientos ni otros fenómenos místicos por lo menos que se conozca, sino que su principal virtud fue el amor y el servicio a los demás con una humildad extraordinaria. No hubo grandes milagros, pero si hubo hechos extraordinarios todos los días. Sus milagros eran el día al día para salir de cualquier necesidad e infortunio. Su fe y su amor al Todopoderoso aumentaba de forma inquebrantable cuando además veía que sus deseos se convertían en realidad. Así sucedió en innumerables ocasiones, veamos algunos ejemplos.
Casi por capricho había pedido al Señor que entrará a la vida religiosa una mujer llamada Herminia. Fueron meses muy duros, pues una gripe maligna postró en la cama a casi toda la Comunidad. Solo tres monjas no contrajeron la enfermedad, entre ellas Sor Clara, quienes no daban abasto en cuidar a todas las enfermas. Tres monjas fallecieron posteriormente victimas de la enfermedad. Su deseo se vio cumplido cuando un 25 de julio, llamó al torno una joven que venía a ingresar a la Orden, su nombre ya le conocen: Herminia. Años más tarde hubo otro suceso sorprendente, con su asombrosa confianza en el Altísimo, puso en el altar 50 piedrecillas al lado del sagrario, para pedir al Señor que las convirtiera en monjas, pues era las que necesitaba. Tiempo después en la Comunidad de las Clarisas convivieron 57 monjas.
En épocas de hambre, invitaba sus hermanas a rezar con fe, y el prodigio se efectuaba, siempre aparecía alguien con alimentos en el torno para la Comunidad. Si necesitaban dinero para reformas, el capital llegaba por alguna donación. Estos fueron sus milagros del día a día. En cuanto a la vida religiosa, logró una profunda renovación espiritual en el convento, de forma que se la considera la refundadora del mismo. Se cumplieron sus deseos cuando consiguió aplicar de nuevo la Primera Regla, cuyo primordial principio es el voto de pobreza. Estableció la Exposición y Adoración permanente a Jesús Sacramentado, la unificación del velo en todas las hermanas (las legas llevaban el velo blanco mientras que el resto le llevaban de color negro), la exclusión del calzado y uso de sandalias (piensen en este efecto en pleno invierno) y el rezo de Maitines y Laudes a medianoche. Este último no era novedad para ella, pues uno de sus innumerables sacrificios era la privación de sueño. De hecho uno de los problemas de salud que tuvo fue una grave perdida de audición, entre otros motivos por que se vertía en los oídos agua fría para no dormirse. También se conserva como reliquia un látigo de alambre con pinchos con el que se mortificaba y disciplinaba, a parte de los cilicios que usaba para penitencia. Murió el 22 de enero de 1973, cumpliéndose sus deseos: 'No dar guerra ni al morir'. No hubo que amortajarla, pues murió con el hábito puesto, a las pocas horas de comulgar (tal y como deseo). Y por último que la colocaran en el suelo, así sucedió pues este fue su lecho mortuorio, después del infarto de miocardio que 'le hizo pasar a mejor vida'.
Incorrupta
Fue enterrada en el pequeño cementerio de la Comunidad. El día 20 de abril de 1982, se produjo la exhumación del cadáver, previa autorización. Pretendían trasladar sus restos en un pequeño cofre, pues siempre se la consideró un ser muy especial. Sin embargo sus compañeras ya sospechaban que con sus virtudes, podría haber alguna sorpresa. Como así fue, en compañía de varios testigos invitados como médicos y capellanes entre otros; encontraron su cuerpo incorrupto nueve años después, en un lugar donde en 130 años de exhumaciones jamás había aparecido ningún cuerpo en semejantes condiciones y en un terreno que poco favorecía el prodigio. La fosa estaba encharcada y «todo desprendía un olor tremendo a aguas sucias». La noticia corrió como la pólvora por toda Soria: «La monja santa ha sido encontrada incorrupta». Fueron muchas las personas que pidieron que pasaran por su cuerpo una estampa o un rosario. Hoy día su cuerpo se encuentra en la Capilla Mayor de la Virgen, debajo de una figura de la Virgen de Fátima. Las monjas que entrevisté en mi visita me aseguraban que no hay día que no escriba alguien relatando las gracias concedidas por esta monja. En 1992 se abrió un proceso de beatificación (todavía sin respuesta), seguramente pese a su pesar, pues la humildad fue su principal enseñanza
castillaoculta@hotmail.com
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